Abrazo monicaPUERTO SANTA CRUZ.- Campos abandonados y atravesados por la sequía, vientos que rajaban el aire y cansaban a los caballos y la estepa mas profunda surcada por el turquesa inconfundible del río Santa Cruz. Eso, y el cielo cada noche. Así fueron los 13 días de travesía que realizaron estas cinco mujeres empecinadas en llegar y cumplir con una aventura que las marcará toda la vida.

Hoy cerca de las cinco de la tarde y tras cabalgar más de 300 km desde el nacimiento del río Santa Cruz en la estancia Bon Accord en las cercanías del aeropuerto de El Calafate, esta patrulla de mujeres corajudas arribó a Cañadón Misionero, el justo punto donde el río Santa Cruz se une al Río Chico para continuar su camino hacia el mar.

«Que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar», fue el canto mariachi que eligieron la mujeres para transitar los últimos metros de su enorme expedición, que concluyó en Cañadón Misioneros, donde todo fue emoción, y reconocimiento hacia ellas.

Mónica Cepernic, 66 años, jubilada y ex juez de paz de El Chaltén, su sobrina Marcela Cepernic, 47 y docente de El Chaltén, y sus amigas: Nelly Suarez 60 de la estancia Catalina, Blanca del Río productora artesanal de cerveza de Chaltén, y Angelica Sánchez 57 años de Pico Truncado, emprendieron con ánimo y convicción la aventura de sus vidas.

“Hace como diez años que sueño con esta aventura”, relata emocionada a Winfo Santa Cruz tras abrazar a todas sus compañeros Mónica Cepernic al pie de la cruz de Cañadón Misionero, hasta donde se congregaron hijos, esposos, familiares y amigos a esperarlas. Un aplauso cerrado vivas y mucha emoción rodeaba a las valerosas mujeres que fueron guiadas por un criollo de Tres Lagos, Claudio Warning encargado de atender los caballos y encontrar el mejor camino para seguir.

Contaron durante todo el viaje con el apoyo logístico de Marcelo Cepernic quien junto a Ana fueron acercándoles a lo largo del camino víveres y agua para ellas y los caballos, y con la ayuda de un gps, un equipo de radio,  y sobretodo del gran conocimiento de la zona, iba ubicándolas cada día a través de los campos.

En el caso de Mónica Cepernic la ideóloga del viaje, fue un sueño acunado durante muchos años. La impulsaba ver el río Santa Cruz en su estado natural, antes de que su fisonomía cambie para siempre cuando las represas se construyan sobre él y también para acompañar el río donde descansan las cenizas de sus padres Jorge Cepernic y Sofía Vicic.

Para hacerlo no dudó en elegir a sus compañeras de viaje, su sobrina y sus amigas entrañables. “Cada una tuvo su propio desafío al hacerlo”, revela Mónica.

Marcela Cepernic por su parte cuenta que cada tanto le gusta plantearse un desafío fuerte, de esos donde hace falta algo más que valor y físico para llegar, pero sobretodo a ella la motivaba “hacer cumplir el sueño a su tía”.

La mega obra de las represas sobre el río Santa Cruz se insinuó a lo largo de todo el recorrido. La presencia de los campamentos de la constructora hostiliza el escenario natural y amenaza la existencia de un río que, a pesar de todo, se prodigó majestuoso ante el paso de estas cinco osadas mujeres que montadas sobre sus nobles caballos hicieron realidad un sueño individual, y llevaron un claro y contundente mensaje colectivo de rechazo a las represas que hoy comenzó a escribirse.