La vacunación se ha convertido en uno de los mayores logros en la reducción de la mortalidad infantil. Y es que el 30 por ciento de las muertes de niños menores de 5 años pueden prevenirse con un gesto tan simple como aplicarles una vacuna.

En diciembre del 2018, se sancionó la nueva Ley de Vacunas que establece la gratuidad en el acceso a los servicios de vacunación «con equidad social para todas las etapas de la vida»; la obligatoriedad de aplicarse las vacunas para todos los habitantes; y la prevalencia de la salud pública por sobre el interés particular, entre otros principios.

Implementada la ley, el Calendario Nacional de Vacunación será requerido a todas las personas para realizar trámites tales como el ingreso y egreso del ciclo lectivo; los exámenes médicos por trabajo; la tramitación o renovación del DNI, pasaporte, residencia, certificado prenupcial y licencia de conducir; y la tramitación de asignaciones familiares.

Así, nuestro calendario nacional de vacunación cuenta con 18 vacunas para todas las poblaciones, que deben aplicarse desde los primeros días de vida hasta la adultez, y dos más exclusivas para las personas que viven en zonas de riesgo (fiebre amarilla y fiebre hemorrágica argentina). El Estado nacional las otorga en forma gratuita en centros de salud y hospitales públicos.

«La vacunación es una responsabilidad de todos y excede al ámbito de la salud para favorecer el acceso de esta herramienta en la sociedad. Es por eso que la población tiene que poder acceder a las vacunas. Se debe instalar el concepto de vacuna como derecho y responsabilidad, con un rol rector del Estado en cuanto a la disponibilidad y acceso», explica doctora Carla Vizzotti, presidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE).

Vizzotti destaca el descenso en las enfermedades que hubo en Argentina a medida que se fue ampliando el calendario de vacunación: “El último caso de polio en el país es de 1984, el de sarampión es de 2000, el de difteria es de 2006, el último grave de tétanos neonatal es de 2007 y el de rubéola es de 2009. Además, desde 2005 bajó más de un 90% la incidencia de hepatitis A, y ya no hay trasplantes de hígados vinculados con esta enfermedad».

La Sociedad Argentina de Inmunología, la Sociedad Argentina de Infectología y la Fundación Huésped destacan que «el solo hecho de que un niño pueda quedar desprotegido por falta de vacunación representa un peligro social, ya que no solo él queda vulnerable sino que también pone en riesgo a sus semejantes al no contribuir a la inmunidad general de la población».

«Con la vacunación se evitan muchas enfermedades transmisibles como sarampión, polio, rubéola, tuberculosis. Son enfermedades controladas, pero que suelen resurgir por distintos factores. Estamos en un mundo interconectado donde no existen fronteras. Si Argentina tiene un buen plan de vacunación pero los países limítrofes no lo tiene y existe un movimiento de masas importante como un mundial o la venida del Papa o de un grupo de música, es posible que mucha gente se contagie de patologías controladas», afirma Marcelo Melo, director del Hospital Clínicas.

Con un calendario de vacunación tan completo como el argentino, universal y gratuito, la principal amenaza son los padres “antivacunas”, que se niegan a vacunar a sus hijos por diversas razones, entre ellas una investigación de 1998 que vinculaba las vacunas al autismo. Ya se demostró la falsedad de esa teoría, sin embargo, el mito persiste.

Vizzotti explica que en el 2011 tuvimos en Argentina la mayor tasa de mortalidad por gripe. Y tos convulsa. Murieron 72 bebés. Entonces, comenzó un programa de vacunación en embarazadas, y logró que las muertes en 2016 bajaran a 6. A Vizzotti la inquieta la posibilidad de que la difteria y el sarampión vuelvan a aparecer en el país, como sucede en Venezuela y algunos países europeos en la actualidad.

«Entre los antivacunas podemos identificar dos grupos: los que son muy poco permeables a la discusión, y a quienes no vamos a lograr que cambien de parecer y los padres que escuchan sus argumentos y se preocupan. A estos últimos tenemos que explicarles que las vacunas tienen un proceso de estudio para su registro muy exhaustivo debido a que se aplican a población sana y que si bien todos los fármacos tienen posibilidad de desarrollar un evento adverso, siempre el beneficio es más alto que el riesgo», recalca Vizzotti.

Dos hechos recientes han levantado las alertas respecto a la vacunación en la Argentina, por un lado, la aparición de casos de sarampión y, por el otro, las denuncias de faltantes de vacunas. La Dirección Nacional de Epidemiología y Análisis de Situación de Salud, perteneciente a la Secretaría de Gobierno de Salud, emitió a mediados de abril, una alerta epidemiológica tras la confirmación de un nuevo caso de sarampión en el país. Con el último un rosarino de 36 años que habría tenido contacto en un vuelo de una aerolínea comercial el 16 de marzo con un turista a quien luego se le confirmó sarampión, suman 4 los notificados en lo que va del 2019 en la Argentina.

En la Argentina, el último caso endémico de sarampión se registró en el 2000 y el último fallecido por esta causa fue en 1998. La región de las Américas fue la primera y única del mundo declarada libre de sarampión en el 2016. Sin embargo, la situación epidemiológica reportada a nivel global y, particularmente, en algunos países de la región vuelve a poner en alerta a los especialistas sobre una enfermedad que se creía controlada.

Respecto a la disponibilidad de vacunas, a la interrupción de la entrega de las dosis de la vacuna contra el meningococo de los 11 años desde agosto pasado, la Dra. Carla Vizzotti, presidente de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE), señala que «se le agregó faltante de vacuna contra el meningococo para lactantes de 3, 5 y 15 meses y de otras vacunas que son entregadas en forma irregular y en menor cantidad contra el VPH, varicela, triple viral, rotavirus, Sabin y Salk».

«Las provincias notificaron que están recibiendo en cantidades menores que las planificadas y en forma irregular y eso impacta realmente de forma impactante en lo que es la planificación de las acciones de vacunación de las provincias, que son las que tienen que implementar la vacunación», asegura Vizzotti, para quien «esto desgasta muchísimo al equipo de salud, así como la confianza de la población en el sistema de salud, ya que si bien hay muchos factores por los cuales las coberturas pueden estar bajando, la verdad, que alguien se acerque a un vacunatorio y no estén las vacunas que deben ser provistas por el Estado nacional es una oportunidad perdida inadmisible en nuestro país».

Ante estas alarmas, vale tener en cuenta las palabras del exministro de Salud, Jorge Lemus: «Las vacunas han mejorado la expectativa y calidad de vida del ser humano. Y su inversión es la más efectiva en cuanto a costo y beneficio«.

La versión original de esta investigación está disponible en www.investigacionesfopea.com/saludargentina. Este trabajo fue realizado por Víctor Ingrassia y equipo para el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), con el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos.