Por Sebastián Tresguerres.-

Por fin es domingo 23 de junio. Ya se presentaron las listas de candidatos.
En estos últimos días la política se sacó su disfraz de «nueva» (su máscara armada con cuidados flyers de facebook, su maquillaje moderno de instagram, su traje de fraseos optimistas de twitter) y fue más vieja que nunca.

Hubo candidatos raspados de las ollas a último momento; traiciones de todo tipo seguidas de destraiciones de todo tipo y viceversa; elecciones que cambiaron de fecha y la justicia suspendió y la justicia volvió a habilitar; frentes electorales que cambiaron de nombre a último momento; políticos cuatros de copas que por una semana tuvieron un «boom» y al ratito bajaron de rango de nuevo; candidatos que amagaron con aliarse a un partido y se terminaron aliando al partido contrario; potenciales vicegobernadores que fueron elegidos casi cuando empezaba la cena como si se eligiera qué tipo de salsa se le pone a unos fideos; difusiones de encuestas con un 95% de exactitud de que mentían; luchas intestinas por avales que casi que deberían llamarse «abalazos»; y un laberinto infinito de reglas electorales casi imposibles de seguir para los no practicantes:
hay PASO para unos cargos y no para otros; para diputados provinciales y por pueblo hay unas reglas y para diputados nacionales hay otras; quienes se presenten como candidatos a gobernador y diputados podrán, y muchos lo harán, presentarse luego para intendente; la cantidad de avales necesarios para diputados provinciales es tal pero para diputados por pueblo es tal otra; habrá varios sublemas con listas llamadas «cortas»; cuando un armador político se manda mocos, hay sublemas con candidatos faltantes que pueden cederles lugares a los que fueron cagados; hubo amenazas de adelantos de elecciones locales en varias ciudades; etc., etc., etc.

Si paramos la pelota un momento, una de las primeras preguntas que surgen es: ¿cómo podría llegar a ser siquiera remotamente posible que un ecosistema político tan enmarañado y confuso como éste vaya algún día a tener la claridad necesaria para solucionar definitivamente los problemas de fondo que tienen la provincia y sus ciudades?

Históricamente no es raro encontrar “gorilistas” que dicen la metáfora de que nuestra sociedad está llena de zombies que lo único que hacen, en cuanto a la vida social y política, es solamente votar cuando llegan las elecciones. En esta elección estuviera pareciendo que por momentos los factores se invierten: zombies parecieran ser los que van a ser votados.

Si juntamos todas las listas de todos los cargos que presentaron todos los sublemas, contando los suplentes, llegamos a decenas y decenas de candidatos, y a eso hay que sumar a los que ya están dando vueltas para las elecciones de intendentes y concejales, inmersos en un mar de confusiones electoralistas que apenas logran entender ellos mismos.

Viendo las fotos sonrientes de todos los candidatos en los diarios y en los posteos de facebook, y justamente debido a que hoy en día las redes sociales nos restriegan mucho más las cosas frente a los ojos, uno siente que se está quedando afuera de algo, que una gran familia política está creciendo y uno se está quedando afuera. Incluso, a juzgar por tantas sonrisas preelectorales a pesar de que la realidad que nos rodea está hecha pelota, pareciera que nos estamos quedando afuera de la felicidad.

¿Estoy haciendo algo mal? ¿Por qué yo no soy candidato a nada?, podría preguntarse alguno de los ciudadanos que no es candidato a nada (y más si escucha las fáciles, repetitivas y demagógicas propuestas de los que sí lo son). ¿Debería seguir manteniéndome al margen de todo eso o ya es hora de que busque, resignado, que alguno de los zombies me muerda así me convierto en uno de ellos, así ingreso a la gran familia de sonrientes candidatos que, se sabe de antemano, van a poder solucionar muy pocos de los problemas de fondo que tienen la provincia, la ciudad, tu barrio, tu calle, tu computadora?

Es cierto que lo que más entreveró todo es la multiplicadora ley de lemas y que en muchas otras elecciones anteriores también han sucedido cosas así. Pero el tema es que antes fue antes (o sea, no evolucionamos), y que las redes sociales y los medios digitales, al acelerar procesos comunicacionales (también los de la política misma) y poner todo más a la vista, dejaron en clara evidencia los desbarajustes, las nimiedades y las baraturas de la política con muchos más ejemplos y casi instantáneamente.