por Sebastián Tresguerres

La presentación de Cristina en el Boxing Club de Río Gallegos el día 13 de julio fue tranquila.
No fue de tono épico sino moderado, y se utilizó una gran cantidad del tiempo en hablar temas relativos al FMI, sobre todo enfatizando en la idea de que siempre hay que pagar las deudas.
Los jugos que podrían sacársele a esta presentación, como suele ocurrir con los discursos poco espectaculares, son los que surgen de observar aspectos contextuales y de pensar posibles chicanas que se le podrían contestar a algunos de los pasajes con potencial contradictorio.

Después de años de tener a las fuerzas anti-kirchneristas repitiendo en loop infinito las paradojas grandes tanto como las enormemente pequeñas del kirchnerismo, además de los archi conocidos casos de corrupción, me resulta poco emocionante insistir por ese lado, o sea, abonar en el campo de la repetición en vez de en el de la creación, pero si estamos describiendo un evento, y en el evento surgen frases diseccionables, algo hay que hacer al respecto. Sobre todo cuando lo que podría contestárseles sería lo más divertido de todo.

La primer chicana posible es sacar a relucir las whiskerías de la Burra Contreras, quien estaba sentado en tercera fila. También estaba presente en el polideportivo el otro fanático del feminismo, don Ivovich.
Cuando el presentador, Marcelo Figueras, al arrancar elogió que «la mitad de los ministros en Santa Cruz son mujeres», incita un poco a sacarles esos muertos del placard, aunque ni siquiera hace falta hacerlo porque a los muertos en este caso los sacaron ellos mismos y los pusieron a relucir en buenos asientos.
Este tipo de jugos baratos son los que más garpan cuando un discurso es aburrido. Fijarse en quiénes estaban presentes y sentados en qué ubicaciones es un “must”.

A diferencia de la Burra, el ex intendente Nelson Gleadell estaba sentado al fondo. No al Fondo Monetario Internacional, institución que ocupará un lugar central en el discurso de Cristina, sino al Fondo del Gallinero, en una butaca bien lejana el pobre, y fue filmado prestando atención a su celular más que a Cristina.
Contrario a eso, me sorprendió (sin chicanear) para bien que en primerísima fila estuviera sentado Miguel Auzoberría, porque es alguien ligado a la cultura de la provincia y siempre es bueno que se visibilice a alguien relacionado a lo cultural.

También se lo veía en primera fila a Belloni, pero no a Vidal (o no lo vi yo).

Si seguimos en el orden filosófico de las chicanas, y más precisamente de las chicanas baratas, también podría ser analizable el hecho de que Cristina tienda a rodearse públicamente de gente “facherista”. Marcelo Figueras, el entrevistador/presentador de la charla, tiene aspecto facheril, muy prolijo y estilizado en lo referido a acicalamiento y ropas, con Mac, y da para que gorilas como Fernando Iglesias, recordando a Boudou, a Kicillof y a otros, critiquen que Ella tienda tanto a rodearse de rostros dignos de Europa y Harvard.

Aclaremos que sabemos que este tipo de chicanas son de poca monta, pero dentro del campo anti-k garpan más que el más serio y profundo análisis político. A los gorilas amantes de que la educación es lo que salvará a la Argentina les encanta replicar hasta el hartazgo (que nunca les llega) este tipo de pavadeces por whatsapp y a cambio no te leen nada serio que dure más de media página sin sangre. Son los tiempos que corren…

Lo siguiente fue el Banco Galicia. Partiendo de que la actual actriz de las publicidades del Banco Galicia también es una «compañera», como la actriz anterior, Cristina llega a analizar el contenido de las publicidades de dicho banco comparando la época en que gobernaron Néstor y ella, con la época de este actual gobierno macrista.
Dijo Cristina que durante el gobierno de ellos, los del banco Galicia «promocionaban viajes, autos, cosas…», y ahora promocionan créditos para adelantos de sueldo.

La idea de la comparación es entendible, pero yo sugeriría que haga esa comparación bancaria sin mencionar explícitamente al Galicia, porque da para espejarle irónicamente lo siguiente: «Antes, la gente ponía cinco millones de dólares en las cajas de seguridad del Galicia, y ahora no» (ya que justo fue en el Banco Galicia que le embargaron unos millones a su hija).

Eso de que la actriz de la publicidad actual del Galicia también fuera «compañera», le dio pie a Cristina para comentar que cuando la actriz anunció eso, la salieron a matar en las redes, y llega a que el gobierno actual es violento. «Son violentos», dijo textualmente. Ni siquiera hace falta ponerse a recordar las violencias mucho más fuertes que ejecutaron varios de ellos, porque lo más curioso es que hasta hace poco tildaban a los macristas de ser frívolos, demagogos de la alegría y «globeros». ¡Ahora son re-heavys re-jodidos!

De la violencia de los PRO, desmenuza un tipo de violencia simbólica que es la discriminación y la utilización de los prejuicios, haciendo alusión a lo que Pichetto dijo de Kiciloff, que es “comunista y marxista», pero minutos después resulta notoria una frase que utiliza para reforzar una vez más que hay que pagarle al Fondo. Dijo:
«No estoy diciendo como dice esa izquierda que no tiene posibilidades de llegar al gobierno: ‘no vamos a pagar nada’, no ,no».

Y a ese «no vamos a pagar nada» (que claman los de izquierda) ella lo cita y pronuncia utilizando un tonito agudo de nenes bobos (dando entender que los de la izquierda son bobos), además de haberlos ninguneado al decir que jamás van a gobernar.

Después ahonda en la diferencia que hay entre promesas y mentiras, asegurando que el gobierno actual directamente miente, pero a todo quien no sea K le queda dando vueltas en el aire que el ejemplo más exacerbado de mentira es lo que se hizo en su gobierno con los índices del indec. No hay caso más perfecto que ese para dar un ejemplo de mentira gubernamental.

En cuanto a recuerdos personales y anécdotas, recordó mucho los años en que Néstor fue intendente. Contó que era obsesivo como intendente y recordó algunas obras que hizo, principalmente rotondas.

Cuenta también una anécdota que no me parece muy conveniente. En la época inicial de Menem ellos tenía buena guita en el banco, que fue transformada en bonos Bonex. Cuenta Cristina que ellos pudieron retener dichos Bonex (sin venderlos tempranamente a mal precio) y por eso terminaron ganando bastante plata.
Lo que hicieron no es exactamente lo mismo que lo que hacen los fondos buitres, pero un poquito se lo podría emparentar, en el sentido de que la gente de guita, al no necesitar desprenderse antes de tiempo de ese tipo de bonos porque les sobra el dinero y pueden aguantar, a la larga terminan ganando a costa de un montón argentinos que pierden.

No es tan pero tan así como lo digo, pero en lo simbólico tranquilamente cabe alguna similitud, así que no entiendo para qué ponerse a hablar de esa anécdota con todas las que debe tener para contar.

Como dije, habla mucho sobre el Fondo, que Néstor le pagó al FMI, y que ella también lo haría.
Hablando de todas estas cosas, larga una de las frases más polentas (para bien o para mal), que no abundaron en la jornada: «Conmigo había capitalismo en la Argentina».

Se refiere a que con ella había más consumo y viajes al exterior, no como ahora.

Lo une a la idea de que durante su gobierno «las cosas eran más fáciles». No sé si es una buena frase. Porque aún si creyéramos que el gobierno de Cristina tenía cosas mejores que el de Macri, no sé si sería en el plano de que las cosas eran «más fáciles», frase que lleva a recordar y comparar trabas de la vida cotidiana, como todas esas que había antes y que el gobierno actual increíblemente olvida de recordárselo a los electorados, tal vez atento solamente a los temas más macro: con el gobierno anterior no había plata en los cajeros porque no se querían imprimir billetes más grandes, con el gobierno anterior los argentinos que no podían viajar al exterior y vacacionaban en la Argentina sufrían escasez de nafta en las estaciones de servicio para viajar en auto, con el gobierno anterior comprar dólares para ir a esos viajes al exterior (vitoreados por Cristina en esta presentación) significaba tener que pasar por laberintos burocráticos y prohibiciones, igual que si se necesitaba o deseaba importar bienes de uso e incluso medicamentos, etc.

Pero resume muy bien una ideología, que es la de creer que el capitalismo es casi meramente consumo, sin las contrapartes de inversión y ahorro.

Cabe sincerar, sinceramente, que a casi cualquier político que haya gobernado durante años se les podría encontrar palabras ineficientes a sus discursos, y contradicciones. Pero cada vez sirve para menos hacerlo. Los que la odian a Cristina, amarán durante treinta segundos la más barata de las chicanas que pudieran hacerse (y cuanto más barata, más les gusta), sobre todo porque no les cambia en nada lo que ya piensan.
Los que la aman, en cambio dirán que los que hacen chicanas es por resentidos, olvidando a full que los kirchneristas son los más grandes maestros de las chicanas (empezando por el cordobés que bardeó a Macri en Suiza).

A grandes rasgos, lo que cabe decir es que la presentación de Cristina fue un evento ante todo racional, con las fallas que le cabe a todo discurso racional, en el que se podrían haber recreado desde lo discursivo anécdotas mucho más épicas y tocadoras de fibras, pero que se decidió que no, quizás pensando en que para estas elecciones lo que más se necesita es captar más votos de esos indecisos pechos fríos que racionalizan el fuego, o quizás complementando el estilo racionalizador de Alberto; no sé.

En el final se quiso poner un poco de sentimiento, pero se logró a medias. El entrevistador-conductor leyó algo emotivo sobre el libro de Cristina que había dicho alguien en twitter, pero al comentar que el tuitero en cuestión se hace llamar «Ferguson Pelado Puto», el sentimentalismo quedó un tanto teñido de escatología.

Y en lo último de lo último, Cristina comentó que en el avión un muchacho de la tripulación le dijo que había una chica que quería que ella le firmara un ejemplar de su libro, era fan suya, se llamaba Dolores, Cristina entonces pregunta si Dolores estaba ahí entre el público en el Boxing, sí estaba, resulta que la chica es porteña y quiso y pudo volar el día de su cumpleaños a la presentación del libro de Cristina en Río Gallegos, lo hizo en su mismo vuelo, y la emoción, invocada con algunas vueltas y ofertando poco más que un aburguesado sacrificio de avión, a mí no llegó a convocarme.