RÍO GALLEGOS.- «En el arte encuentro un antídoto contra el desánimo y la decadencia que veo alrededor», dice el escultor Juan Carlos Villegas quien busca que sus obras reflejen el paisaje que las gesta. «Me da tristeza ver como está la ciudad en la que me crié», cuenta. Quizás por eso busca en el basural la materia prima de lo que luego él transforma en arte y belleza. 

Ensimismado en su mundo de formas aún inconclusas, Juan Carlos Villegas trabaja sin parar, le da sentido a chatarras que alguna vez fueron autopartes, electrodomésticos o simplemente chapas viejas y con manos hábiles y una imaginación sin límites les da una nueva vida. 

El Caleuche, tal el  nombre con el que Juan Carlos designó a su taller, alude a un barco fantasma que según la mitología de Chiloé «hizo un pacto con el diablo para navegar por los mares sin peligro de naufragios y en consecuencia fue castigado con trasegar los océanos para siempre sin jamás tocar tierra».  Villegas es oriundo de Chile aunque fue criado en Río Gallegos donde cursó la escuela pública y egresó del Centro Polivalente de Arte.

¿Cómo influye el contexto en tu obra?

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es carlitos-y-su-obra--1024x772.jpgCarlitos, como se lo conoce en Gallegos, cuenta que lo entristece un poco el estado en que se halla la ciudad, el abandono y la desidia que embarga a sus habitantes. Confiesa que el año pasado tuvo un bajón, «no tenía ganas de trabajar, no me salía nada, hice una sola obra», recuerda hoy con la solvencia que le da este nuevo presente.

Es que de pronto el artista recuperó las ganas de volver a crear,  «Es mágico que vuelva la inspiración», asegura.

Este año es uno de los más prolíficos de una producción que comenzó hace 25 años, tiene varias obras realizadas, otras en ejecución, como «La remake del Pescado Inservible del año 2.000», que a pedido del estado provincial está construyendo para ser localizado en la ruta 40 entre El Chaltén y Gobernador Gregores.

Entre sus proyectos para lo que queda del año, tiene en mente exponer una obra en el museo Minnicelli, «voy a trabajar con cadenas, despojando cadenas», define, en una nueva alusión a sus estados de ánimo. 

Saint-Exupéry, homenaje a la libertad y la imaginación

Pero antes tiene un compromiso para el cual ya está trabajando,  una réplica del avión de Antoine Saint-Exupéry que recorrió los cielos patagónicos al servicio de la compañía Aeropostal Argentina. «Va a estar El Principito también, repartiendo cartas arrojadas desde el avión», adelanta Villegas de su próximo trabajo encargado por el municipio de Río Gallegos para emplazar en la avenida Béccar cerca del Monumento a Los Caídos en Malvinas. 

Piensa culminarlo en octubre, y para eso ya está dedicandole varias horas a  recolectar el material, «En estos días que estuvieron lindos estoy yendo al basural a juntar chatarras para reciclar», cuenta Villegas. 

Esta tarea es todo un símbolo de su mandato de artista: «siento que con los desperdicios que arrojamos podemos construir obras de arte», afirma. Comenta que este año  hizo una obra en la isla de Chiloé, «de plástico , de los residuos que tiran las salmoneras».

«Quiero inculcar una cultura nueva, en el arte encuentro un antídoto busco que mis esculturas sean partes del paisaje, que no sea una cosa extraña sino bien nuestra», sintetiza el artista que desde su sensibilidad transmite optimismo y un gran ejemplo, que aún en los despojos de la desidia y el abandono, se esconden la belleza y la creación.  Solo hay que encontrarlas. 

Dientes de tiburón, aunque sus aletas dorsales se asemejan a las de un dragón y las aspas de su cola lucen como las de un moderno motor fuera de borda: «La bestia», la llama su autor, «es la bestia que todos llevamos dentro», agrega.