EL CALAFATE.- Osvaldo Lescano es un Veterano de Malvinas que llegó a El Calafate junto a su mujer el domingo pasado para pasar unos días de vacaciones, conocer el glaciar, maravillarse con el imponente paisaje del Lago Argentino y sus montañas, y visitar El Chaltén.

Pero un feliz imprevisto le cambió los planes, y quizás también, cambió su vida. Llegó como turista, y en unas horas se convirtió en parte imborrable de la historia institucional de El Chaltén.

Apenas arribado a la villa turística se enteró que hacía unos días el Concejo Deliberante de El Chaltén había aprobado una resolución que declara Visitante Ilustre a los Veteranos de Malvinas que visiten el lugar. No dudó en suspender la excursión que tenía prevista para el lunes, y ese mismo día partió para El Chaltén.

Aquí cuenta como vivió ese momento de reconocimiento, que él llama «una caricia al alma», después de tantos años de olvido e indiferencia para con los Veteranos de Malvinas.

Este veterano de Malvinas de 57 años conscripto de la X Brigada de Infanteería Mecanizada de La Plata, vivió la guerra durante los 74 días que duró el conflicto de 1982. Retornó al continente como prisionero en el buque inglés Camberra. Desde allí un avión lo trasladó hasta Campo de Mayo donde debió permanecer unos días hasta que finalmente regresó a su casa en Berazategui.

“Estuvimos inmersos en el más absoluto abandono”, un abandono de persona porque ni siquiera tuvimos en los primeros años ni obra social. Ni siquiera pudimos tratarnos del stres postraumático después de la guerra”, cuenta Lescano.

“Fui a Malvinas con 19 años que cumplí en el viaje hacia las Islas, en la parada que hicimos en el regimiento 24 de Río Gallegos.

El presidente del Concejo Deliberante, Andrés Zella y  la Concejal Milagros Canchi entregan el diploma y la bandera de El Chaltén a Osvaldo.

“Los que estuvimos en Malvinas tenemos dos heridas, una la que provocó el conflicto y la otra la pos guerra», grafica Osvaldo en referencia al maltrato que sufrieron por parte de los gobiernos y de una parte de la sociedad. 

Sin embargo aclara que todo lo que hoy cuenta y transmite de aquellos días en Malvinas, «es mi experiencia personal, mi historia de vida. Hay otras diez mil historias, pero la que yo cuento es la que viví yo», enfatiza.

Relata que el trauma psicológico lo puso muchas veces al límite: “Yo estuve 17 años sin hablar de la guerra.  No querìa ni ver ni leer información. Volví a mi casa con el uniforme de soldado.  Estuve entre 6 y 7 días con el uniforme puesto, no quería ni bañarme». 

Hasta que finalmente pudo sobreponerse a aquel infierno.

Su hija que entonces cursaba los primeros años del Secundario cuando se aproximaba un 2 de Abril, le dijo «papi tenés que venir a la Escuela», a lo que accedió aunque con ciertos temores.

“Cuando llegué había una mesita, un vaso de agua, un micrófono y una silla, y en frente, unas 300 personas esperando que les hable”, cuenta Osvaldo. «Apenas me senté, frente al auditorio, lo primero que me salió fue romper en llanto. Y después vino el reconocimiento, y un ida y vuelta con los chicos que fue maravilloso», recuerda hoy.  

Sobre su viaje a El Calafate dice que es la primera vez que visita el sur, y que nunca regresó a Malvinas, “He tenido oportunidad de volver a las Islas, pero yo no quiero volver”, manifiesta, y argumenta sus razones tanto como respeta la decisión de sus compañeros que sí deciden regresar a aquel escenario. 

Dice que cuando el avión aterrizó en El Calafate, «el lugar, la geografìa, el paisaje me hizo acordar a Malvinas”, transmite con emoción.

La misma emoción que luego se vio multiplicada por el afecto que recibió en el Concejo Deliberante de El Chaltén cuando lo distinguieron Visitante Ilustre de la ciudad: “Como pocas veces me invadió una emoción increíble y fue una caricia al alma el cariño que me brindó la gente de El Chaltén”.