LA NACIÓN/Mariela Arias.-

EL CALAFATE.- A Soledad Ovando la mañana la puede encontrar en medio del bosque siguiendo una pareja de patos de anteojos, colocando una trampa para visón americano en un río montañoso o compartiendo el mate con un puestero. Se define como naturalista, título que se lo ganó a fuerza de años de trabajar cuidando el ambiente y explorando en armonía de la estepa patagónica. Con 33 años es la referente local de la asociación Aves Argentinas que lleva adelante un ambicioso plan para controlar el visón americano que se ha convertido en una plaga alarmante en la región. (Crédito: Programa Patagonia / Aves Argentinas)

Soledad reparte su tiempo entre la meseta del Lago Buenos Aires y El Chaltén, el epicentro del plan de restauración que busca controlar la invasión del visón americano a lo largo del recorrido del río de Las Vueltas, entre el Lago del Desierto y la desembocadura en el Lago Viedma. Son más de 70 km, y en su mayoría se trata de sitios a los que solo se puede acceder caminando.

El plan se basa en la colaboración conjunta y coordinada de varios organismos. Ella es un eslabón más de este engranaje que depende de muchas voluntades y hace epicentro en El Chaltén, donde los poco más de 1500 habitantes tienen un fuerte compromiso con la naturaleza. «La comunidad de El Chaltén es clave en este plan. Fuimos hablando con referentes en el pueblo, dimos charlas a la comunidad y, de a poquito, fuimos planeando la logística inicial para armar las trampas y realizar el relevamiento del terreno», detalla.

En 2014 la bióloga Laura Fasola publicó el resultado de una investigación sobre carnívoros invasores de la Patagonia usando el visón como caso de estudio. En esa investigación se determinaron las rutas y las tasas de expansión de la especie y se definieron las estrategias y sitios específicos para intentar controlar la plaga.

«En 2011, en la meseta del Lago Buenos Aires, encontramos que un visón mató a 33 macá tobianos en una noche en lo que es hoy el Parque Nacional Patagonia», cuenta desde Bariloche el biólogo Kini Roesler, coordinador del Programa Patagonia de Aves Argentinas.

Una especie exótica

El visón americano es una especie exótica invasora, carnívoro y el único depredador que llega a ambientes acuáticos, donde habitan y nidifican especies de aves. Tiene entre 50 y 70 centímetros de largo y al no contar con depredadores naturales se ha convertido en plaga con efectos negativos preocupantes sobre las presas nativas, en especial las aves.

Pero, ¿cómo llegaron desde América del norte a la Patagonia? En la década del 30 se instalaron criaderos en la Patagonia. Cuando dejaron de funcionar, muchos fueron liberados originando varios focos de invasión que hoy son plaga en la región.

«A mitad del siglo XX se empezaron a expandir y fueron siguiendo los cursos de agua. Cubrieron la cuenca del Río Senguer, llegaron a la cordillera y van saltando cuencas. El avance es rápido. Son anfibios, su lugar de acción es a 20 metros de la costa del río. Se pueden mover en tierra y cortar campo», explica Roesler.

El primer plan de control se puso a prueba en la meseta del lago Buenos Aires, al norte de Santa Cruz y principal centro de nidificación del macá tobiano, con buenos resultados. Basado en ese plan, se desarrolló este más amplio.

Para avanzar en este ambicioso proyecto se unieron a Aves Argentinas, Parques Nacionales, la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Argentina, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la Sociedad Zoológica de Londres, el Consejo Agrario Provincial de Santa Cruz, la secretaría de Ambiente de la provincia y la municipalidad de El Chaltén.

«Es muy difícil determinar el número de población, porque no trabajamos con densidad sino con niveles de ocupación. No es fácil verlos. Son nocturnos, son chiquitos. Cada individuo ocupa un territorio y solo. Un macho ocupa 1 km y medio de costa de río. Lo más son tres individuos juntos. Tienen algunas características de tasa reproductiva alta, hasta cuatro crías y son muy eficientes», detalla Roesler.

Detalles del plan

El plan consiste en colocar trampas con cebos en balsas de madera flotante a unos metros de la costa, sujetadas a tierra con soga. Ya instalaron 88 y aspiran a llegar a 200 en los ríos afluentes de la cuenca. «Las trampas fueron colocados en los lugares de remanso, en el interior el cebo es de carne de bagual y glándula de visón y su forma simula una madriguera», explicó a LA NACION el biólogo Ernesto Juan, de la Dirección Regional Patagonia Austral con sede en El Calafate.

Juan fue otro de los que caminó y recorrió el río palmo a palmo. «Es un trabajo enorme, se necesita mucha ayuda, en especial de la comunidad, una vez colocadas las trampas hay que revisarlas, controlarlas. Por la época en que estamos, se va a ver cuál fue la dinámica del río con la crecida y cómo resistieron las trampas», detalla el biólogo. Agrega que el objetivo es lograr restaurar las especies nativas cuya población fue afectada por las especies invasoras.

Las balsas quedan flotando sobre el agua. De este modo evitan que otro animal que no sea el visón caiga en ella. Al ser anfibio y especialmente curioso, el visón entra atraído por el cebo. Las trampas de acero, denominadas de captura muerta, se fabrican en Buenos Aires. Las balsas las hicieron en El Chaltén con la ayuda del municipio y vecinos de la localidad.

Los animales removidos proveen información valiosa para continuar: se puede determinar el origen, la conexión de las poblaciones, evaluar las enfermedades que puedan afectar a otros animales, entre otros datos. «Los primeros resultados preliminares probablemente serán a final del verano próximo, en abril 2020. Tendremos una primera aproximación. Para el resultado final, como mínimo serán cinco años de trabajo», detalló Roesler, acostumbrado a encarar proyectos de largo aliento.

(Crédito: Programa Patagonia / Aves Argentinas)