EL CHALTÉN.- Un pueblo entero involucrado con una ficción que da pincelazos de su propia vida, un director de cine ilusionado con la capacidad transformadora del arte, innumerables colaboradores, 1.000 dólares de presupuesto, y nueve inviernos de rodaje: ¿Resultado?  una película que más allá de la historia demuestra cómo una comunidad fue capaz de sostener un proyecto artístico y también colaborativo a lo largo de los años.

«Pueblo Chico, invierno grande« es el nombre de la primer película creada, producida y protagonizada por los habitantes de El Chaltén, que no se puede medir en sus costos económicos, tanto como en el valor de colaboración que encierra la película estrenada en un vibrante gimnasio lleno de sus propios protagonistas.

El nombre de la productora gestada en 2011 no escapa a la génesis del film: «Chaltén a la Pantalla Grande» es el deseo que representa a los aventureros que se lanzaron a crear ficción.

Gabriel Otero, es cineasta, escalador y profesor, en 2011 se radicó definitivamente a vivir en el pueblo. «La idea de hacer una película es anterior a que yo llegue el pueblo, me había llegado el comentario y una línea de la historia y con esa línea me junté con Diego Garcia Canto, el guionista y Carolina Aguer la primera productora y  empezamos con el proyecto de hacer un corto», detalla Otero a Winfo Santa Cruz.

En la Patagonia, y en especial en El Chaltén, los inviernos, para quienes no viajan «al norte» suelen ser largos, y hay tiempo para todo, a diferencia de la vorágine de las temporadas veraniegas. Otero propuso dictar un taller de invierno sobre cine destinado a «quienes les interese y quizás así formar el equipo para el corto». La propuesta prendió.

La idea original de hacer una película que tratara sobre el pueblo había empezado en 1997, la línea base indicaba hacer una comedia. La idea quedó estacionada hasta que se reactivó en el 2011 con el primer taller de cine durante el invierno. El corto se transformó en un largo.

Ana Fernandez Borsot , productora, -aunque también aclara que en la película todos  hacían un poco de todo- cuenta que la idea del film siempre fue conocida por todo el pueblo, «todos sabía que estábamos con la película  y fuimos convenciendo a los propios vecinos de que ellos se ajustaban al perfil del personaje previsto . Y nos fuimos soprendiendo, porque había montón de talento oculto en la comunidad».

Así surgieron Omar Baigorria, Carlos Alfonso, Rodolfo Guerra, María Luján Montaldo, Brian Molina, Natalia Orsetti y decenas de actores-vecinos de la localidad, incluso hasta turistas que fueron extras en distintas escenas.

Para Fernandez Borsot, «el proceso de producir la película reflejó que  El Chalten conserva algo de tribu donde todos nos conocemos y cuando es necesario colaborar se colabora. En el estreno se reprodujo esa misma idiosincracia, fue muy familiar». La película se fue editando por tramo y amigos de Otero lo ayudaron en la postproducción en Ushuaia y en Buenos Aires.

La sinopsis: Nueve inviernos les llevó filmar «Pueblo Chico, invierno grande», que cuenta la historia de un pequeño pueblo de montaña,  gobernador por un intendente que desea ganar las elecciones a gobernador. Según las encuestas estaría en segundo lugar y para sumar los votos que le están faltando deberá inaugurar el cementerio del pueblo, la única obra que realizó durante su mandato. El problema es que para inaugurar dicha obra necesita…un muerto. El intendente convence a su secretario Albornoz de matar a Cepeda, gaucho borracho y solitario. Justo cuando el secretario está por partir se escucha la sirena de la ambulancia, el accidentado es Cepeda, que mientras ordeñaba la vaca, recuerda excitado una noviecita de su mocedad. La pobre vaca cansada de los estrujones de Cepeda le da una patada que lo deja inconsciente.


Nada en esta película quedó exenta de historias. Cuando la película estuvo lista para el estreno, proyectarla se convirtió en otra pequeña odisea, no hace falta contar que en El Chaltén, como en la mayoría de las ciudades santacruceñas no hay cine. «No teníamos pantalla grande en el Chaltén, entonces, uno de los vecinos se copó con hacer una estructura desmontable. Pero no podía quedar armada, tiene una dimensión de 8 metros por 4,4o metros», precisa Ana. Lo mismo con el proyector, se frustraron los primeros intentos hasta que el municipio alquiló un proyector que garantizara la calidad y viajó el equipo especialmente el inolvidable domingo del estreno.

Al final cuentan que la financiación no superó los 1000 dólares,  y que el corazón de la producción se basó en la enorme voluntad y colaboración de la gente: para conseguir un traje, un camión, las locaciones, desde la iglesia a la comisaría. «Es cuando te das cuenta que el dinero es una representación», cuenta Ana, emocionada del logro.

Mientras Otero fue el director, el guión estuvo a cargo de Diego García Canto, y el equipo de producción se completó con Carolina Aguer, Paulo (Paio) Gallego, Rodrigo Balfagón, Roxana Herrera, Nicolás Reyes, Lucía Gelves, y Ricardo Brondo, por mencionar solo algunos de los principales hacedores del equipo técnico.

La película ahora encarará un recorrido por los festivales, nacionales e internacionales. La idea es darla a conocer fuera de los límites de la Patagonia, que crezca. Luego allí  buscarán proyectarla otra vez en el pueblo, para los que se quedaron con ganas de repetir o para los que no pudieron estar la mágica noche del estreno. Y también esperan poder estrenar cuando El Calafate tenga su sala lista.

Mientras tanto, el director y la productora sienten que cumplieron la misión y la magia: lograr que el cine refleje su capacidad transformadora, «trabajar juntos en un ámbito de arte y magia, crear una ilusión fue transformador, puede haber habido roces en este pueblo chico, pero cuando nos pusimos a hacer cine, las diferencias desaparecían  y nos envolvía la magia de vivir y experimentar algo maravilloso, de ambiente distendido, de risas y colaboración».