EL CALAFATE.- Alumnos de quinto año secundario del Instituto Austro de Río Gallegos, recorrieron sitios donde fueron fusilados trabajadores rurales durante la Huelga de 1921. Es en el marco del programa «Camino al centenario de las huelgas», que se aplica en la institución educativa, y que fue declarado de interés Municipal.

En una actividad llevada adelante por docentes de quinto año, orientación Ciencias Sociales,  del Instituo Austro de Río Gallegos,  estudiantes recorrieron sitios históricos donde se produjeron los fusilamientos de obreros durante la huelga que dejó 1500 muertos.

Con la guía del historiador local, Luis Milton Ibarra Philemon, miembro de la Comisión por la Memoria de las Huelgas de 1921, los alumnos recorrieron el paso Charles Fuhr, el sitio donde se ubicaba la ex Comisaría El Perro, el Cerro Comisión y los terrenos ubicados en estancia Anita. 

Trajeron una cruz con la leyenda “A los caidos por la livertá”, para señalizar el lugar y honrar la memoria, hasta allí los guie y relaté esta historia, estos detalles, se agradece el noble gesto», escribió Ibarra Philemón en su cuenta de facebook.

Ariel Cárcamo y Lucas Monzón, son de los docentes impulsores del proyecto quienes trabajan los contenidos en el aula, y luego recorren presencialmente los sitios históricos.

«El comisario Guadarrama, señala que el combate de El Perro (noviembre de 1921) fue nada más que un encuentro circunstancial, que ocurrió así:
Antonio Soto y su gente venían de Charles Fuhr. Venían con los caballos cargueros repletos. Cuando llegan al cruce de caminos tienen la mala suerte de toparse con un camión del Ejército (10 de caballería). El sargento Sánchez al mando da la voz de alto. Antonio Soto se apercibe de inmediato de su situación y ordena dispersarse y huir. Desde el camion los soldados hacen puntería y voltean muñecos.

El capitán Viñas Ibarra dirá en su informe que los obreros han tenido cinco muertos. El comisario Guadarrama relató que en un viaje de inspección posterior comprobó la existencia de 20 cadáveres que habían quedado al descubierto. Para sepultarlos no se cavaron pozos, sino que se amontonaron los cuerpos contra una elevación y allí se les tiró tierra encima, que al poco tiempo el viento y el agua se encargaron de destapar, dejando al descubierto la hedionda carne podrida semivestida de los pobres desgraciados.«, del libro La Patagonia Rebelde de Osvaldo Bayer.