EL CALAFATE.- Elke Weithas es austríaca y desde que visitó por primera vez la Patagonia en 2016 se juró a sí misma que un día regresaría para trabajar aquí. Un año después cumplió su primer temporada de trabajo en El Calafate en una empresa de turismo y desde entonces vuelve cada año. Este año tenía previsto viajar a Ushuaia para trabajar en turismo y aprovechar de los deportes de invierno, su gran pasión, pero la pandemia cambió sus planes y decidió dar clases de patín en las aguas congeladas de la Bahía Redonda.

«Desde que vine por primera vez a la Patagonia en 2016 siempre tuve el sueño de trabajar aquí», dice Elke Weithas, plantada sobre los patines con los que se desliza sobre el hielo de la Bahía Redonda con la misma firmeza y equilibrio que muestra al hablar. Un año después aquel sueño se cumplió.

Este año repitió aquella experiencia laboral hasta que, como a todos, la cuarentena por el COVID-19 interrumpió sus planes. Pensaba conocer Ushuaia, trabajar allí y aprovechar para patinar y también practicar sky de fondo, por eso en este viaje se vino con sus patines profesionales. Nada fue posible.

Sin embargo acostumbrada a los giros y las curvas que practica sobre el hielo con elegante destreza, este cambio de rumbo en su vida no la amedrentó. Por el contrario vio oportunidad para seguir descubriendo el mundo, y también para dar clases de patinaje sobre hielo, deporte que abrazó desde pequeña.

Por estos días la Bahía Redonda se congeló, y se presenta imponente una capa de hielo de 700 hectáreas rodeada de montañas nevadas, bajo un cielo azul. En el club Andino se puede contratar las clases y el alquiler de los patines o también la encuentran en la rampa de madera frente al hotel Xelena cada mediodía esperando a sus alumnos.

Aquí, Elke, da clases de patinaje a la gente de El Calafate.