Por Héctor Barabino.- Las once horas de testimonio del contador Víctor Manzanares en su último descargo ante el juez Claudio Bonadío, contienen detalles colaterales que si bien no son determinantes para la causa judicial, sirven para contextualizar hechos y protagonistas de la etapa más corrupta de la historia de Santa Cruz. En su última declaración como arrepentido, Manzanares reveló que «En 2010 Rudy y Sanfelice le propusieron ser candidato a intendente de Río Gallegos, por orden de Néstor Kirchner», y que a cambio le pedían una parte de los «negocios» que haría como jefe comunal.  No ruega por su libertad, solo quiere estar en paz con dios, y que vayan presos los que tendrían que estar en su lugar. O en la celda de al lado. Las declaraciones del contador Víctor Manzanares son un compendio de tramas de corrupción y de revelaciones, que por la legitimidad del confesor y el rigor de los detalles que brinda, deberían desencadenar detenciones masivas y sentencias irrevocables que envíen a la cárcel a los involucrados en las maniobras de corrupción que se destaparon a partir de las infidencias de uno de los choferes de los Kirchner y del arrepentimiento de muchos de los acusados. Más allá de que aún restan actuaciones judiciales que deriven en la sentencia final, y de la existencia de quienes creen que tanto Manzanares como los demás testigos arrepentidos mienten para salvar su situación. Hay que recordar que el contador de la exfamilia presidencial aseguró que con sus confesiones no buscar eludir la pena de la justicia terrenal, sino quedar en paz con dios. “Durante el año 2010 Sanfelice y Rudy Ulloa, por indicación de Néstor Kirchner, me propusieron ser intendente de Rio Gallegos, indicándome que a cambio de ese cargo debía entregarle dos tercios de lo que se haga, entendiendo por lo que ´se haga´ los negociados», aseveró Manzanares en los estrados judiciales. Finalmente no aceptó la propuesta.  El candidato del kirchnerismo que ganó la intendencia que despreció Manzanares fue Raúl Cantín, de la mano de otro spónsor, Lázaro Báez. Manzanares se sentía un «boludo», según le dijo al juez, a quien Néstor Kirchner acudía solo cuando había que enmendar algún error o sacarse alguna duda de negocios. Tal vez por eso un día, mientras reflexionaba entre las estrechas paredes de la celda que lo alojaba en la cárcel de Marcos Paz, se juró a sí mismo que contaría todo lo que supiese, sin guardarse nada y aunque con sus confesiones comprometa aún más su situación judicial. «Con esto no pretendo mejorar mi situación, sino hacerme cargo de lo que hice» , le dijo Manzanares al juez. «Quiero pedir perdón a mi familia, a mi esposa, a mis hijos, al pueblo de mi ciudad de Río Gallegos, para quien pude haber lucido como una estrella, pero les fallé al decidir ingresar en las tierras de la oscuridad», expresó conmovido. Además pidió perdón al pueblo de su provincia y al de su Nación. «A Dios ya se lo he pedido en muchas oportunidades en Marcos Paz, y con él pude obtener una confesión, a través de un sacerdote, como hacía mucho tiempo no lo había tenido», confesó. Pero el hombre que en julio próximo cumplirá dos años en prisión y que ahora se siente bien con dios, no rinde cuentas por los demás. Por eso prometió revelar todos los nombres de las personas que a su entender formaron parte de la trama de corrupción montada por el kirchnerismo, y entre ellos particularmente cinco: uno de ellos es el mencionado José Sanfelice. Los otros cuatro se enterarán en las próximas horas cuando un oficial de justicia llame a sus puertas.