Foto gentileza Mirtha Espina.- RÍO GALLEGOS.- Se realizó hoy la ceremonia de beatificación del obispo Enrique Angelelli y sus compañeros mártires, asesinados durante la dictadura militar. «Un camino de mucha sangre, mucha lucha, de mucho dolor de nuestra Argentina. Pero que para los cristianos tiene que ver también con la resurección», señaló el obispo de Santa Cruz, Jorge Ignacio García Cuerva desde La Rioja. También participó el actual obispo de San Martín, Miguel Angel D´Annibale. El 19 de julio de 1976 fallecía el obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, en un accidente de tránsito que luego se determinó se trató de un atentado ordenado por la dictadura militar. El 4 de agosto de 2014, el Tribunal Oral Federal de La Rioja condenó a los militares Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella como autores intelectuales del asesinato del obispo. El año pasado el Papa Francisco decidió la beatificación de Angelelli  y de sus compañeros mártires, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, y el laico Wenceslao Pedernera, también asesinados durante la dictadura. «Una verdadera fiesta del pueblo de dios, poder vivir la beatificación de monseñor Angelelli, y sus compañeros mártires. Un camino de mucha sangre, mucha lucha, de mucho dolor de nuestra Argentina. Pero que para los cristianos tiene que ver también con la resurección, por eso sabemos que desde la cruz de ellos, desde la cruz del pueblo riojano, desde la cruz del pueblo argentino, hoy celebramos la vida, celebramos la resurrección, celebramos esta hermosa beatificación». Dijo el obispo de Santa Cruz y Tierra del Fuego, Monseñor Jorge Ignacio García Cuerva. Nacido en Córdoba, en 1923, Angelelli era el mayor de tres hermanos y sus padres eran de origen italiano. Ingresó al seminario a los 15 años y concluyó sus estudios en Roma, donde fue ordenado sacerdote en 1949, en una iglesia jesuita. Ya en ese tiempo sus compañeros en el Colegio Pio Latinoamericano, donde estudiaban varios argentinos, lo bautizaron «el Pelado». Tomó contacto con la Juventud Obrera Católica (JOC), fundada por el canónigo belga Joseph Cardijn, y al regresar a Córdoba -ya sacerdote- impulsó el trabajo pastoral con los obreros, lo que lo acercó a los sindicatos y dirigentes gremiales. Muy joven, a los 37 años, Juan XXIII lo nombró en 1960 obispo auxiliar de Córdoba y en esa condición participó activamente en el Concilio Vaticano II, en favor de una renovación en la Iglesia, particularmente en lo atinente al diálogo con el mundo contemporáneo. Hizo aportes significativos para revalorizar la formación de los sacerdotes -acompañó incluso una propuesta para fijar una edad mínima de 30 años para acceder a la ordenación- y fue uno de los cuatro obispos argentinos que firmó el Pacto de las Catacumbas, un acuerdo suscripto por unos 40 padres conciliares -muchos de ellos latinoamericanos- que se comprometieron a vivir los ideales de pobreza y sencillez, dejando de lado los palacios, el lujo y el confort. Un anticipo del gesto de Francisco cuando fue elegido pontífice en 2013 y eligió residir en la austera casa de Santa Marta, en el Vaticano. «La enérgica posición de Angelelli contra el avance de los juegos de azar y la usura, su prédica en favor de la formación de cooperativas rurales para el acceso a latifundios improductivos y los insistentes reclamos por un servicio más racional y equitativo del agua, un recurso escaso en una zona tan árida como La Rioja, agudizaron los enfrentamientos. En junio de 1973 fue recibido a pedradas en Anillaco, en una revuelta promovida por terratenientes locales, entre los que sobresalía Amado Menem, hermano del gobernador Carlos Menem, quien mantenía una buena relación política con el obispo, pero finalmente frenó la propuesta de ceder las tierras a las cooperativas. Los embates del periódico local El Sol, que llamaba a Angelelli como «Satanelli», conformaban un cóctel fácilmente inflamable en la provincia».  Escribió en La Nación el periodista Mariano De Vedia, autor de El mártir. Angelelli, el obispo silenciado por la dictadura (Sudamericana)