LA NACION/MARIELA ARIAS/EL CALAFATE.- Doce meses tras las rejas van a cumplir los tres jóvenes procesados como coautores del crimen de Fabián Gutiérrez, el exsecretario presidencial asesinado aquí hace exactamente un año. La noche del 2 de julio, cuando ingresaron a la casa de Gutiérrez con el fin de robarle un tesoro, la vida tal como la conocían, se esfumó. Hoy tienen 19, 20 y 21 años. Tras las rejas manotean fragmentos de ese afuera que se les escapa: uno fue padre, otro estudia abogacía, el tercero completó el secundario.

La noche siguiente al asesinato los tres jóvenes fueron detenidos en la comisaría primera de El Calafate. La policía llegó a Facundo Zaeta, luego de que amigos del empresario afirmaran que ambos había concertado una cita el día anterior. En la policía, Zaeta mencionó que esa noche también había estado con Facundo Gómez y Pedro Monzón. En esas horas aún buscaban a Gutiérrez con vida.

Esa fue la última vez que estuvieron juntos, fue por poco tiempo. Cuentan testigos de esas horas que Monzón y Gómez estaban preocupados, pero Zaeta hacía chistes, se burlaba de que la policía no había detectado la marca de sus golpes y les decía que no se preocupen que en seis horas estarían afuera.

Horas después, en la mañana del 4 de julio, Monzón pediría brindar su primera declaración indagatoria y contarle su verdad al juez. Al punto de que la misma quedó interrumpida cuando el juez Carlos Narvarte le preguntó si era capaz de señalarle la cabaña donde dijo que, junto a Zaeta, la madrugada del 3 de julio, habían dejado el cuerpo del exsecretario presidencial. A partir de ahí, ya no recuperarían la libertad.

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En sus declaraciones, Zaeta y Gómez, coinciden en que el primero era el encargado de seducir a Gutiérrez para embaucarlo y robarle. Sin embargo, a partir de allí los dos tienen una versión diferente de lo ocurrido la fatídica noche. Los dos inculpan al otro ser el autor del plan y también de haber matado a Gutiérrez. Por su parte, Monzón también estuvo esa noche en la casa de Gutiérrez, con una participación que el juicio determinará, aunque su abogada intenta que sea considerado “partícipe secundario obligado” del hecho.

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