EL CALAFATE.- “El mayor proxeneta en la Patagonia, siempre fue el estado, no se mostraba públicamente, pero es lo que pasó”, afirmó la escritora santacruceña, Patricia Halvorsen, durante la presentación de su último libro Esas mujeres, en la Patagonia Austral en coautoría con Jorge Castelli, que reconstruye en forma documental la trama de la prostitución en nuestra provincia y Tierra del Fuego a principio del siglo pasado. Durante dos horas, invitada por el periódico de El Calafate, “Carta Abierta”, Halvorsen desgranó los puntos centrales de su libro, un trabajo de investigación histórica que le llevó varios años, documentos oficiales y expedientes judiciales para poder rehacer las historias de las mujeres que llegaron de la mano de los primeros emprendimientos: los puertos, las fuerzas armadas y las primeras actividades económicas. La escritora detalla que hasta 1936 la prostitución fue legal en Buenos Aires y y acá en la Patagonia lo fue hasta 1937, sin embargo, asegura que en la investigación descubrieron que después de las fechas de cierre, siguió habiendo inscripciones de mujeres bajo la ley de profilaxis. En ese contexto explica que los gobiernos van a recaudar hasta el año 1937 en el territorio: «Para las sociedades de fomento es un problema, porque dejan de recibir gran cantidad de dinero. En Piedrabuena van a financiar el sueldo de los médicos con los prostíbulos. Cuando se vuelve a oficializar, ya ni las comisiones de fomento ni los municipios reciben los ingresos. En esas épocas, el mayor recaudador siempre fue el Estado”, remarcó Halvorsen, aunque aclaró que «el Estado nunca va a mostrarse en forma directa, pero fue lo que pasó». “Había canones establecidos por casa, por pupila, y por baile. Por cada actividad, se debía pagar. La idea de la reglamentación es que hubiese una por habitación. Pero aparecen pedidos para ampliar el número de prostitutas” y aclara que no detallan casos que no estén en los expedientes. “Hacemos tanto al principio como al final, no estamos señalando ni juzgando, estamos dándole visibilizad a un tema que hoy sí se habla. Es una manera de humanizar que detrás de todas esas fotos, hay mujeres de carne y hueso”. Los prostíbulos “En Santa Cruz pasa siempre lo mismo, cada vez que hay un emprendimiento importante lo primero que llegan son las mujeres, en Deseado fue cuando empezó la construcción del tren, ellas fueron las primeras en llegar”, detalla Halvorsen y cuenta que en Tierra del Fuego encontraron un expediente que hablaba de un prostíbulo incendiado en Puerto Deseado. “El nombre que aparece de la madama es Adelina Pino: ella fue la primera madama de Deseado. Una mujer elegante y curiosamente coincide con el nombre de una de las mujeres que fue presa a Ushuaia por primera vez. ¿Esas mujeres que fueron presas a Tierra del Fuego no fueron invitadas para quedarse y continuar en la Patagonia siendo putas?”, pregunta Halvorsen en forma retórica al público. La escritora explicó que en Santa Cruz no están liberados los expedientes policiales, en Tierra del Fuego, sí. Razón por la cual pudieron basar parte de su investigación en documentación de la isla. La charla fue amenizada por el periodista Fernando Goyanes, director de “Carta Abierta”, quien organizó el evento en el marco de la celebración de los 20 años que cumple la publicación en la ciudad. Halvorsen explica que la apertura de los prostíbulos no sólo pasó por las fuerzas militares, recuerda que cuando empieza la mina de Río Turbio lo primero que ponen es el prostíbulo . “Y ahí aparece ´La Coca´, era famosísima en Santa Cruz y tambien en la Isla, ella llegó a regentear prostíbulos en Río Grande, Río Turbio, Ushuaia, Rio Gallegos y tuvo conexión con Comodoro Rivadavia. “Seguimos tanto todos estos pasos que no dejábamos de sorprendernos todo el tiempo”, cuenta la escritora. Y también recuerda una de las tantas anécdotas curiosas que le pasó durante la investigación: “Yo tenía el expediente de una dirección que necesitaba verificar en Comodoro Rivadavia y recurrí a un contacto en facebook. Lo contacto, para pedirle que se acerca a esa dirección y ver que había en un lugar. El hombre me dice “¿vos seguís a tu pareja?”. Ese era un lugar de trampa, hace 100 años que era un lugar de trampa!!!”, cuenta Halvorsen. El Calafate histórico Sobre El Calafate histórico, comenta que era un pueblito con escasa actividad y no tenía las condiciones necesarias para que operaran los prostíbulos legalmente. “La Comisión de Fomento es recién de 1940. Entonces, si no hay, no se puede hacer nada para organizar. Pero las chicas llegaron lo mismo. Y nos enteramos por los expedientes policiales. Por un episodio; un asesinato. Eran tres hermanos, dos hombres y una mujer quien era prostituta y había trabajado en todos los prostíbulos de la zona. Los hermanos recibían cargadas por la vida de su hermana. Uno de ellos, va hasta el prostíbulo, borracho y le pega tres tiros a su hermana. Pero una sombra aparece, pega otro tiro y mata a un policía. El hombre fue preso y lo mandan a Tierra del Fuego y ahí aparecen los nombres de los involucrados. Lo liberan unos años después y entre ese asesinato, y el tiempo que lo devuelven a la sociedad, es cuando el pueblo cambia de nombre. Y a Carlos Aravena lo contrata la comuna y lo pone a trabajar en el cementerio y a él le toca inhumar los restos del policía que asesinó”. La escritora cuenta que en El Calafate «los prostíbulos funcionaban por ratitos, las prostitutas venían desde Gallegos, se organizaban por unos días y la comuna era quien juntaba el dinero y cobraba. Así se registraba el dinero como ´La recaudación pro-hospital LaGO Argentino´, de acuerdo a los documentos a los que pudieron acceder. «No podemos juzgar la época con la mirada actual» Halvorsen reflexiona que pese a que la investigación es histórica, el tema tiene actualidad y asegura que los sistemas de captación siguen funcionando igual.
“Nada es ficción, todo es realidad, detrás del drama de la trata. Parecen calcados a lo que hoy escuchamos en las noticias”; afirma la escritora y aclara que durante todo el recorrido del libro intentaron mantener la mirada en la época.
“No podemos juzgar desde nuestra mirada actual. Para que esto se de, esta la oferta y la demanda. En la época era normal. Estaba instalado en la época”, asegura. La escritora afirma que pudieron determinar que hubo una gran movilidad de mujeres en el territorio. “Era bastante común las relaciones pasajeras de los policías con las chicas. Pero hay uno que se casa que va a ser el comisario Blanco que se casa y luego va a ser destinado a El Calafate”, detalla,  “el prostíbulo era un centro de recreación, no era sólo un centro de servicios sexuales, sino un lugar donde se hacía de todo, jugar a las cartas, tomar, hablar», cuenta la escritora. Ante las preguntas del público, Halvorsen detalla que el libro le llevó tres años de investigación por su cuenta y luego dos años y medio más con el coautor Jorge Castelli. “Son los movimientos aéreos los que nos terminó de decidir.  La primera aerolinea privada del territorio fue financiada por los prostíbulos, llegaban pasajeros y había una mención a paquetes”, y detalla que junto a fuentes que aún viven, pese a la edad, pudieron confirmar que lo que se denominaba “paquetes” en los vuelos, eran las mujeres que traían a los prostíbulos».