PICO TRUNCADO.- Lorena Niccolai, profesora de nivel primario, daba clases en primera grado de la EPP Nº 40 de Pico Truncado, la docencia es su pasión, pero dijo basta. Se sintió desbordada por las exigencias que impuso la modalidad de educación virtual y las presiones de sus directivos y supervisores, y renunció a su cargo. Hoy se siente aliviada y dispuesta  a seguir ayudando a las familias de su grado pero fuera de la institución.

«El motivo de mi renuncia tiene que ver con las exigencias y falta de consideración del equipo Directivo. Exigencias que tienen que ver con el uso de herramientas tecnológicas que en ocasiones no dispongo, como celular sin memoria y falta de conexión a internet», fundamentó en la carta de renuncia que la maestra elevó a su director y publicó en las redes sociales.

Tras publicar la carta tuvo un aluvión de llamadas, de amigos, familiares y sobretodo de otros docentes que se sienten exigidos y sobrepasados por la situación de dar clases, sin contar muchas veces con las herramientas e intentando adaptarse a una forma de impartir clases para la que nadie esta preparado.

«Me interesa más que nada que la sociedad pueda tomar dimensión de lo que esta pasando. Que pueda darse cuenta de lo que hay detrás de escena. Las actividades son  todas muy lindas pero hay muchas cuestiones que no se conocen como la presión a la que nos someten», explicó Niccolai en diálogo con Winfo Santa Cruz.

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Y se explaya «uno hace lo mejor que puede con lo que tiene, le ponemos mucho empeño pero nunca es suficiente» y las autoridades «no están en condiciones de pedirnos sino de agradecernos, esto que sentimos, de ser docente y adaptarnos a cualquier situación con nuestras herramientas. Pero el gobierno no paga internet, si no lo pago el 19 me lo cortan. Hablan mucho de la empatía y no saben lo que significa», afirma.

La maestra, recibida en La Plata y que hace una década vive y enseña en Pico Truncado explica que los docentes reciben a diario exigencias para cumplir con entregas, trabajos  y llenar planillas donde deben detallar cuantos son los alumnos que no mantienen un vínculo pedagógico con ellos y cuando lo dan a conocer les exigen que se comuniquen con la familia y les insistan para que los niños se conecten hagan la tarea. «Tenés que llamarlo me decían, ¿como lo voy a llamar si no tienen teléfono?», se pregunta la maestra.

«¿Que hacemos por ese niño?, quizás tiene conectividad, pero si no tiene la familia que lo ayude y se ponga a su lado, ¿ que hacemos?» se pregunta la maestra en lo que hoy se transforma en una pregunta al sistema educativo. «Publiqué esta nota de renuncia para que las familias, padres, colegas, puedan ver la dimensión de todo esto a lo que hemos llegado».

La docente cuestionó al equipo directivo de su escuela y a la supervisión: «Nos piden darle todos los días actividades diferentes, sin darles sus tiempos para el aprendizaje, ni darnos los tiempos a nosotros. Ahora la escuela se transformó en la dueña de mis tiempos, haciendo videos a las 12 de la noche para enviarles al día siguiente», detalla y aclara, «lo hemos hecho y me voy habiendo dando lo mejor, pero sin resultados».

Lorena Nicolai dijo sentirse desbordada por la situación. Consideró que no se tiene en cuenta desde la escuela el estado de cada hogar, hay niños que sus padres no tienen trabajo, otros que no tienen computadora o celular, otros cuyos padres no saben leer. «Tengo la situación de un alumnito que no puede hacer la tarea hasta que el tío venga del trabajo y le preste su celular, niños que si pueden cumplir, pero muchos que no y a ellos los estamos frustrando».

«Tenemos 25 personitas que se están formando y nosotros le brindamos a  cada uno lo que necesita. Eso en las clases presenciales, entonces, vuelvo a lo mismo, del tema de las exigencias ¿si sabes que no estas logrando nada, porque los sobrecargas de cosas innecesarias?», se pregunta.

La propuesta que no prosperó

Ella propuso a la dirección que se designen 4 o 5 padres que reúnan los cuadernos y se los alcancen y ella puede ver  en cada caso como van progresando. Y darles en forma personalizada lo que cada alumno necesita, hacerles devoluciones escrita en los cuadernos. Pero su propuesta no fue aceptada por la dirección.

«Todos los dias nos pedian actividades, pero eso es lo mas leve. Porque cuando se les antojaba inventar algo sobre la marcha, tenías que cargar más sobre los chicos. Que le inventes un recreo para la familia y hablarlo con los papas o una lectura compartida, todos los docentes tenemos que elegir tres libros, un cuento para los tres niveles pedagógico y leerlos y grabarnos y compartirlo», detalla entre las actividades extracurriculares.

Asegura que tras renunciar se siente aliviada, pero no si la preocupación por su futuro. Sigue con su cargo de secretaria en la escuela a la que renunció a ser docente de primer grado. «Cobro 26 mil pesos, tengo que vivir con eso», afirma y sigue con preocupación la situación laboral de su esposo que trabaja en la cementera de Pico Truncado pero tuvo una reducción del 60% de sueldo.

Esta decidida a seguir adelante con su vocación.  Y ofreció su ayuda a los niños de la sala que mas la necesiten, los recibirá en su hogar y le seguirá dando su apoyo. «Mis ganas de enseñar no terminaron nunca, ellos necesitan ayuda. Yo los intento ayudar de manera personal porque no se me permitió, esto que proponía mas concreto». –