LA NACIÓN/Mariela Arias.- EL CALAFATE.- La bahía congelada sigue recibiendo a los vecinos que se calzan los patines de hielo para sacudirse la cuarentena del cuerpo, pero flota en el aire gélido la conmoción que generó el asesinato brutal de Fabián Gutiérrez. Es que el crimen interpela a una sociedad que creció con vértigo y ahora debe frenar para intentar buscar algunas respuestas. Pasaron solo cinco días desde el mediodía que concluyó con el peor final: el exsecretario de Cristina Kirchner apareció semienterrado en el fondo de una casa, con golpes en la cabeza y puntazos de arma en el cuerpo. Muerto. Uno de los jóvenes que podrían haber participado en el asesinato llevó al juez y a la fiscal hasta la casa donde finalizaría el rastrillaje iniciado horas antes. El final anunciado se materializó después de flotar durante horas en el aire cuando el juez Carlos Narvarte deslizaba ante la prensa: «Estamos buscando el cuerpo». Desde el sábado, la gente de esta ciudad, de 30.000 habitantes, se mira buscando respuestas. Muchos no saben qué decir o comentar. A todos les pesa la atrocidad. Es que aquí, donde todo es chico y no tanto, donde todos se conocen y no tanto, las implicancias del crimen no están atravesadas por la política, sino por el conocimiento público de las familias involucradas. Nada será igual aquí después del crimen brutal contra Fabián Gutiérrez. «Lo que preocupa, más allá de los nombres y las circunstancias que repercuten en diversos ámbitos en los cuales cada cual atiende su juego sin importarle demasiado la cuestión de fondo, es que en un pueblo-ciudad de treinta mil habitantes se produzca una muerte violenta como la que reflejan las noticias, y eso da para pensar», se pregunta el periodista Fernando Goyanes desde Carta Abierta, el periódico que desde hace 20 años testimonia la vida local. «¿Cómo llegamos a este escenario? ¿Qué está pasando en nuestra localidad que no queremos ver? ¿Cómo afrontamos esta realidad para que en el futuro no tengamos que lamentar muertes injustificables como la de Fabián? ¿Desde qué lugar se tienen que dar los primeros pasos para analizar lo sucedido y actuar en consecuencia para bien de la sociedad?», se pregunta Goyanes. Tras el shock del sábado al mediodía, pareciera que un botón imaginario bajó el volumen. El profundo silencio del dolor de las familias involucradas en el hecho, tanto de la víctima como de los victimarios, se cuela en cada comentario y en cada conversación. En las redes sociales los amigos de Gutiérrez han dejado sus saludos finales; otros mantuvieron silencio. «Mis hijos hablan en voz baja, no dicen mucho delante de mí», cuenta un padre de adolescentes que comparten amistad con los jóvenes ahora detenidos. «Mis hijas lloraron el sábado», cuenta otra madre. Todos intentan explicar qué pasó. El domingo a la siesta los cuatro jóvenes detenidos involucrados hasta ahora en el crimen fueron a declarar al juzgado. Llegaron de a uno en patrullero e ingresaron con la cabeza tapada, en silencio. Se escuchaba el crujido de la nieve bajo sus zapatillas. Entraban solos al edificio. Afuera era blanco y silencio. Adentro los esperaban el juez y la fiscal Natalia Mercado, sobre quienes más se conjetura por estas horas aquí. Nadie quiere estar en sus zapatos. Ambos conocen a las familias involucradas en esos lazos intangibles (y no tanto) que se producen en las ciudades pequeñas. Ambos son mirados con atención en cada paso, cada palabra que emitan. Aunque no hubo pronunciamientos oficiales de lo ocurrido, la agenda local quedó trastocada. La falta de vuelos y la demorada apertura de los hoteles y las rutas para que se reactive el turismo en una ciudad sin Covid-19 desde hace 75 días pasaron a ser un tema secundario en la agenda local. Ya nadie habla de los protocolos de salud prolijamente preparados para recibir a los turistas. Aquí el tema que invade todo es la enorme pregunta de cómo un crimen atroz pudo producirse entre personas que se conocen. Es que el horror no tienen color político. Aunque Gutiérrez se había radicado aquí hace años, nació en Río Gallegos. Pablo Beecher, periodista y escritor de esa ciudad, lo conoció de niño. Por estos días escribió una carta abierta en sus redes sociales que generó una gran repercusión. Recordó el rápido ascenso económico de Gutiérrez y cuestionó a una sociedad que muchas veces mira para otro lado cuando asoma la corrupción. Desde el sábado pasado, las noches de invierno aquí son mas largas y oscuras.