La Cámpora INDETENIBLEPor Sebastián Tresguerres La forma de construir política implementada por Néstor Kirchner y continuada por Cristina fue tan dominante y arrasadora que los jóvenes políticos que fueron surgiendo en los espacios del FPV lo hicieron sometidos, desde su nacimiento, a ella. Pero lejos de resistirse en algún momento a ese sometimiento, lo aceptaron orgullosamente. Del sometimiento a la generación política que les dio surgimiento hicieron un elogio, un mito. Es difícil que alguien luche por la libertad de su pueblo si no se le ocurre primero luchar por su propia libertad, sobre todo por la libertad más básica de todas: la del libre albedrío. Estas nuevas generaciones fueron quedando sometidas a las generaciones anteriores pero envejeciendo a la par de ellas, como si tuvieran sus años. Para muchos la política se fue transformando en una disciplina de involucramiento delictivo (ya sea por robo directo o por complicidad inconsciente), de replicación de mañas, de inmolación de la propia voluntad argumentativa. La juventud, más que un combustible generador de quimeras, fue una hoguera de sí misma. «Imposible apagar tanto fuego» terminó significando «imposible no quemarse, así que habrá que quemarse». De incontables casos, podríamos repasar los de Máximo Kirchner y Pablo González (el segundo ya no es tan joven en términos absolutos pero sí respecto de los principales cuadros del kirchnerismo, como Cristina y Alicia). Hace una década, Máximo tenía un perfil muy bajo, era austero en todo sentido y no era visto como alguien que quisiera aprovechar para beneficio propio el poder de sus padres. Esa imagen ahora cambió. Pero es bueno preguntarse cuándo y cómo. No fue en el momento cumbre de la vida política del kirchnerismo, allá por 2005 o 2006, cuando Néstor cosechaba adhesiones y además el respeto (por haber logrado fortalecer la autoridad presidencial) de los que lo odiaban. Si bien ya por aquellos años se lo pretendió sindicar a Máximo como creador de una Cámpora embrionaria, y fue una exageración, su momento de involucramiento total en la política (primer discurso público en un estadio, primera postulación a un cargo público), fue luego de que el kirchnerismo ya había sido imputado de ser una forma corrupta y narcótica de concebir la sociedad y la política. El involucramiento de Máximo en la política llegó en un momento en que, aunque no por culpa suya, terminó siendo un involucramiento casi más delictivo que político. Nació sometido. Decidió quedar pegado. No sólo ocurrió con él. Fue un sistema. Así como la corrupción fue sistemática, el sometimiento consensuado de las generaciones de políticos nuevos, a los anteriores a ellos, también lo fue. Pablo González es uno de los cuadros políticos más preparados de Santa Cruz. Es inteligente y tiene conocimientos tanto de política como técnicos. Pero está condenado a la autoinmolación frenteparavictoriana. Está condenado a la autoflagelación. Porque está y siempre estuvo sometido a la generación más vieja, a Néstor, a Cristina, a Alicia. Pablo no puede buscar la mejor manera de argumentar ni de hacer política. Está condenado a buscar la mejor manera de defender a la política vieja y a sus padres, tíos y abuelos políticos. Dentro de ese margen, hace lo mejor que puede, pero ya partiendo de una base de incoherencia inevitable. Justifica el humo mejor de lo que lo podrían justificar otros, pero justifica el humo. Pablo González, si no empieza a adoptar una impronta mucho más propia, está condenado a inmolarse y a usar su intelectualidad como un cerebro de puño. ¿Y mientras tanto qué ocurrió con los jóvenes políticos de los otros partidos durante el kirchnerismo? Los partidos de izquierda, como el PO, no se vieron afectados negativamente en lo político porque su ideológica política consiste en luchar en los bordes del sistema (simulando estar casi afuera del sistema pero participando en las elecciones). El kirchnerismo los situó afuera (como a todo quien no fuera K), pero en su caso su esencia, su leitmotiv y hasta su fuerza, es precisamente estar afuera. En el caso de los jóvenes de la extrema izquierda, hay un sometimiento pero que se da respecto a una vieja generación de doctrinas ideológicas, a ideas generales del siglo pasado. Y los jóvenes de la UCR y partidos afines al radicalismo tuvieron el inconveniente de estar sometidos al llano y a la poca posibilidad de cargos, igual que los opositores de todas las edades, porque la administración pública y las burocracias estuvieron sometidas al poder político del oficialismo. En las últimas elecciones, Cambiemos ganó intendencias y diputaciones en la provincia y se están viendo surgir algunas figuras nuevas, ahora les toca a ellas demostrar si quieren o no crecer creando su vuelo propio y ejerciendo el ser de la generación constituida por ellos mismos. Veamos ahora un ejemplo de la imposibilidad de coherencia en la argumentación que produce el sometimiento político a las viejas generaciones del kirchnerismo. Hace pocos días, Máximo Kirchner habló en un plenario del gremio de los trabajadores del Estado y dijo cosas como (cito textual entre comillas, tomado de http://www.tiemposur.com.ar/nota/113930-nunca-vamos-a-levantar-la-mano-en-contra-de-un-solo-derechoque-han-conseguido-los-trabajadores): 1) “Si hubo algo que caracterizó siempre a nuestras movilizaciones es la alegría, por eso agradezco ser recibido de esta manera. Sin alegría no va a ser posible enfrentar los tiempos que vienen”. Su partido siempre criticó de frívola a la devoción por la alegría del PRO y entonces él también tiene que criticarla, pero ni bien se descuida, él mismo apela a la tan criticada “alegría”. 2) “Es fundamental trabajar en la unidad del movimiento obrero». Acá Máximo se pone en contra de su tía Alicia. 3) «Como también se da en el peronismo, hay una desesperación de algunos compañeros por juntarse y ganar a cualquier costo, y la política no es un partido de fútbol». Habla de «desesperación por juntarse» cuando ellos mismos tuvieron desesperación por juntarse imponiendo la ley de lemas en Santa Cruz, y dice «la política no es un partido de fútbol» cuando su propia madre comparó a los secuestros de la dictadura con pelotas de fútbol y el FPV utilizó barrabravas para “tareas” políticas. 4) “Por nuestra parte, pueden tener la seguridad de que nunca vamos a levantar la mano en contra de un solo derecho de los que han conseguido los trabajadores en estos años». Pero en ese mismo momento su tía Alicia en Santa Cruz no cumplía (entre otras cosas) con uno de los derechos más básicos, el de pagar los sueldos y aguinaldos de los trabajadores a tiempo. 5) Respecto al gobierno de Macri dijo «son todas políticas viejas, no hay nada nuevo salvo el Snapchat». Como si Alicia no tuviera setenta años y no aplicara políticas dinosaurias, y como si Cristina no se la pasara viviendo en twitter. 6) “La magnitud de estas políticas, como la de endeudar al país por más de 20 mil millones de dólares, después se pagan y sabemos lo que pasa”. Máximo está en contra de los endeudamientos, ¿y el endeudamiento requerido con desesperación por el FPV en Santa Cruz? Uno o dos días antes de este discurso de Máximo, Pablo González decía que “el aguinaldo va a costar sin el endeudamiento” y que “los docentes no son los dueños de la educación de Santa Cruz, va más allá de ello. Pasa que a veces creen que todo pasa por ellos”. Pareciera que, o los docentes no son trabajadores, o Pablo opina totalmente distinto que Máximo. Lo mismo con los empréstitos. El problema que tienen Máximo, Pablo y tantos otros, no es que no están capacitados para argumentar bien, sino que no pueden argumentar sin contradicciones porque están sometidos, y sintiendo orgullo de eso, a las contradicciones que fueron enquistando las generaciones de políticos anteriores a ellos. Así como en su momento casi nadie quería despegarse de la convertibilidad, los kirchneristas más nuevos no quieren o no pueden despegarse del kirchnerismo viejo (demostrando así que el kirchnerismo sería una especie de profecía autocumplida, a diferencia del peronismo que es mucho más mutante). No existe en ellos la posibilidad de una argumentación racional porque no quieren o no pueden emanciparse de sus padres políticos. Sus herramientas políticas están limitadas a la poesía de la arenga y a los relatos de ficción contradictoria. Porque forman parte de una generación que no quiso tener una existencia propia.