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A poco de aterrizar en Río Gallegos, Mirtha Espina con Nacho Otero

Por Héctor Barabino Justamente hoy me decía María Luz en el hall del hospital donde los estatales celebraron el final del conflicto de APROSA,  que el kirchnerismo acorralado es temerario, como un león herido que arroja zarpazos a diestra y siniestra porque se lo ordena su instinto de supervivencia. Instinto animal. No es el caso de Eduardo Mengarelli, quien agredió al periodista Nacho Otero de Canal 13,  porque le hizo una pregunta a su esposa la fiscal de estado, Angelina Abbona, en su carácter de funcionaria pública. Mengarelli es repudiable,  pero no por su instinto animal que en este caso no estaba provocado, ni siquiera por su condición de macho-que-defiende-a-la-hembra, porque es víctima de algún ataque de otro animal macho, no. En el avión de Aerolíneas Argentinas donde ocurrió el episodio no hubo un ataque contra la esposa de Mengarelli, sino una pregunta de un periodista a la Fiscal de Estado de Santa Cruz, (cargo que ya ocupó antes de ser Procuradora del Tesoro de la Nación)  que a lo sumo la incomodó, pero es su trabajo responder, o por lo menos dejarse preguntar. La conducta primitiva de Mengarelli no es reprobable por bruto, violento, o necio. Ni por su investidura de marido de fulana de tal. Mengarelli es funcionario público, y punto. Final. Boletín director Mengarelli