Nao Santa María

Pintura de una nao similar a la Concepción

Por Mario Novack.- Se cumplen hoy 479 años de un acontecimiento histórico que puso a Río Gallegos en los mapas del mundo. Un día como hoy naufragaba en nuestra ría la Nao Concepción en viaje al Alto Perú cargada de artículos de lujo y armas. Su comandante era un marinero que había surcado las aguas de los mares australes en la expedición magallánica. A titulo de introducción iniciamos el siguiente relato. “Anochece en la costa patagónica y el horizonte devuelve una imagen fantasmal. Dos naves surcan las aguas en su largo viaje hacia el Pacífico. Un hombre de tez morena recorre la cubierta de la Santa María, nao capitana de la expedición. Su nombre es Vivencio, esclavo de las costas africanas y forma parte de la tripulación junto con otro paisano, Macián. La costa infinita, la eterna soledad que describen estas tierras atrae a Vivencio, pero también los relatos del comandante de la expedición. De él cuentan historias fantasticas, entre el respeto y la adoración, aquellas donde la muerte y la esperanza se entremezclan permanentemente. León Pancaldo, de él se trata, ha tomado a Vivencio como un confesor de su vida en el mar. “estamos llegando adonde comenzó la odisea de la escuadra de Hernando de Magallanes, dice Pancaldo, mientras las naves se internan en la Bahía de San Julian. El negro piensa en esa rara sensación de sentirse libre siendo esclavo. Se lo permiten la inmesidad del mar y la igualdad que dan la geografía del extenso océano. Siente que es tratado como los demás genoveses que navegan hacia el sur. Pancaldo se acerca y señala la costa. Inquiere a Vivencio y le dice “ ¿quieres conocer la verdad de la vuelta al mundo?»,  Vivencio asiente con ansiedad esclavo y todo ha escuchado a los hombres de mar una y otra vez el relato de la expedición de Magallanes y el regreso de los 18 sobrevivientes de la Nao Victoria. Como leyendo sus pensamientos Pancaldo interrumpe, fuimos 22 los que volvimos. Pero esa es otra historia. Los recuerdos invaden al navegante savonés, sus años jóvenes en la expedición de Magallanes, el presidio a manos de los portugueses y su retorno a España siete años después de haber iniciado la travesía. Más adelante navega la Nao Concepción, al mando de Juan Pedro de Vivaldo su socio y compañero de aventuras. Pancaldo observa la acantilada costa y una pesada angustia lo atraviesa. Recuerda la dramática odisea de atravesar el Estrecho de todos los Santos. El cielo es de un azul profundo que embelesa al igual que el color esmeralda de las aguas. Sin embargo el gran navegante no está tranquilo, sabe de estas aguas traicioneras que hicieron zozobrar a la Nao Santiago en la expedición magallánica. De pronto una entrada de agua en la tierra se recorta ante las naves y la ansiedad se apodera de Vivaldo. “Hemos llegado al Estrecho” grita excitado ante los vítores de la tripulación. Apenas unos minutos han transcurrido hasta que se escucha el primer crujido que anticipa el naufragio , han llegado a la ría del Río Gallegos. Los bancos de arena emergen nítidos con la marea baja en el río Gallegos, casi colgada en un promontorio de barro yace la Concepción. Todo es desesperación en la tripulación de ambas naos. Pancaldo se sobrepone a la furia y encara las tareas de rescate de la carga de la Concepción. El viento llega inesperadamente provocando un oleaje que dificulta el rescate Los marineros exhaustos buscan refugio en una isla cercana, serán largos y penosos días los que demandarán el traspaso de la carga de una nao a la otra. Apartado, a unos pocos metros, Juan Pedro de Vivaldo masculla su bronca, una hoguera hecha con matas convoca a reunión. León Pancaldo, una vida contra vientos y mareas Pancaldo nació en la ciudad de Savona, Italia, en el año 1482. Se enroló en una de las naves de Magallanes como simple marinero. Fue uno de los tripulantes de la Trinidad apresados por los portugueses, después de pasar mil peripecias como prisionero lo llevaron a Lisboa a principios de 1527 para su juicio y se le concedió la libertad ese mismo año. En agosto de 1536 partió de Cádiz con dos naves llenas de mercancías. Estaba previsto llegar a Perú por el estrecho de Magallanes. El 30 de noviembre de 1537 una de las naves naufragó a la altura de Río Gallegos. La mercadería que se salvó y todos los tripulantes se reunieron en la nave de Pancaldo, la Santa María. Trató infructuosamente de cruzar el estrecho pero los fuertes vientos y corrientes contrarios no se lo permitieron. Llegó al Plata a fines de febrero de 1538 y fue guiado a Buenos Aires con la esperanza de vender las mercancías que le quedaban luego de todas las peripecias que sufrió. La realidad otra vez le fue adversa, pero su llegada salvó de morir de hambre y frío a los conquistadores de Mendoza, quienes pudieron vestirse con nuevas y buenas ropas, cambiar sus armas destruidas, y disfrutar de diferentes lujos. Pancaldo murió en Buenos Aires en agosto o septiembre de 1540.   *CARTA DE OBLIGACIÓN DE HERNÁN BAEZ Y OTROS A FAVOR DE LEÓN PANCALDo, POR VALOR DE 470 1/2 PESOS DE ORO. (*Del Archivo Nacional de la Asunción. Año I, Agosto 1900, N.º 1. Docto. XII) Sepan quantos esta carta de obligacion bieren como nos Hernan Baez , maestro de hacer navios, e Simon Luis e Bastian Afonso, carpinteros, e Hernan Perez e Bartolomé Frutos, marinero, e Diego de Collantes, e Antonio Pineda, cerrajero, e Xpobal de Yexas e Luis Marquez, e Ruy Díaz, é Hernando Descobar, e Inº. Rodriguez, e Inº. portugués, herrero, e Sebastian Lopez, e maese Antonio, herrero, todos quince de mancomun e a boz de uno e cada uno de nos por sí e por el Todo renunciando como espresamente renunciamos las leyes de la mancomunidad a beneficio de la division segun y como en ellas se contiene otorgamos e conoscemos que debemos e nos obligamos de dar e pagar llanamente e sin pleito a vos Leon Pancaldo Saones, piloto, que estais presente o a quien vrº poder obiere o por vrª absencia a Viban Centurion e Franco. Poçobinelo ambos a dos juntamente e no al uno sin el otro o a quien el poder de ambos tuviere conbiene a saber quatrocientos e setenta pesos y medio de oro de justa e perfecta ley de a quatrocientos e cincuenta mrs. cada uno los quales son por razon de las mercaderias que nos los susodichos de bos rescibimos que son las siguientes ciento e cinquenta baras de lienço en dozientos pesos e diez e ocho baras e tres quartas de paño pardo en ciento e doze pesos e medio oro a razon de seis pesos de oro la bara e quince crieras de badana a quatro pesos de oro cada vna que son sesenta pesos e quinze gorras de grana a seis pesos cada una que son nobenta pesos e una libra de hilo blanco e negro en ocho pesos que son los dichos quatrocientos e setenta pesos e medio de oro de las quales dichas mercaderías cada vno de nos los susodichos rescibió tanta parte como el otro e el otro como el otro de que nos otorgamos por contentos e entregados a toda nuestra voluntad por quanto todo ello es en nuestro poder sobre que renunciamos qualesquier leyes que en razon de la entrega e prueba de ella hablan los quales dichos quatrocientos e setenta pesos e medio de oro, nos los suso dichos todos quinze so la dicha mancomunidad nos obligamos de dar e pagar en esta provincia del Rio de la Plata o dozientas leguas de costa de mar del Sur cuya governacion de presente es del señor Don Pedro de Mendoça del primer repartimiento que en esta dicha provincia o costa se nos hiziere e cupiere de oro o plata de las entradas que en ella obieren fecho e hiziere en ella de que se aya avido e aya oro o plata e para lo ansi cumplir e pagar obligamos el oro o plata que nos cupiere de repartimiento para execucion de lo suso dicho damos poder á qualesquier justicias de sus magds. de qualesquier partes que sean para que por todo rigor e mas breve remedio de derecho nos castiguen e apremien a lo asi cumplir e pagar como si esta escritura fuese sentencia definitiva de juez competente contra nosotros pronunciada e pasada en cosa juzgada e renunciamos qualesquier leyes e derechos que sean en nuestro favor especialmente renunciamos la ley que dize que general renunciacion non vala en testimonio de lo qual otorgamos la presente ante el escrnº. público e testigos de yuso escritos en cuyo registro los que sabemos escrivir lo firmamos de nros. nombres e los que no sabemos escribir rogamos al señor Capitan Franc. Ruiz Galan theniente de governador desta provª. lo firme por nosotros de su nombre que es fecha y otorgada en el puerto de Nrª. Señora de Buen Ayre que es en la dicha provincia a quinze dias del mes de Junio año del nascimiento de Nrº. Salvador ihn Xpo de mifi e quinientos e treinta e ocho años siendo testigos el dicho señor theniente de governador e Alonso de Angulo e Simon Jaques estantes en este puerto, Bartolomé Frutos Sebastin Lopez Luis Marquez) Ruy Diaz Hernando Doscobar (Xpobal de Yexas. – A ruego de los que no sabian escrevir firmo yo Franco. Ruys por tgo) E yo Melchor Ramirez escnº. de sus Cesareas mgds. en todos los sus reynos e señorios presente fui en vno con los dichos testigos al otorgamiento desta carta e por ende fize aquí mio signo a tal (signo) en testimonio de verdad -. Melchor Ramirez escrivano pc.º Carta de Obligación o Pagaré emitido por los habitantes de la Primera Buenos Aires a favor de León Pancaldo por artículos vendidos salvados del naufragio en Río Gallegos.