«El 4 de septiembre del año pasado había mucho viento en Río Turbio, tanto que la entonces presidenta Cristina Kirchner sobrevoló varias veces la pista antes de poder aterrizar. Pero lo hizo gracias a la pericia del piloto presidencial. Salía vapor de la chimenea principal de la central térmica a carbón ubicada a pocos metros de la mina. La ilusión generadora estuvo encendida 20 días, todo lo que duró el carbón; desde entonces, aquel elefante blanco en el que se invirtieron unos 700 millones de dólares se debate sin rumbo cierto. Nadie sabe si se terminará o no la obra de la central, pese a estar en un 93% de ejecución». Así lo relata Diego Cabot en la edición de hoy del diario La Nación.  El articulo cuenta con detalles como pese a que no estaba lista, y no había carbón suficiente, y en contra de todas las recomendaciones técnicas se puso en marcha la usina que Isolux construye entre Río Turbio y 28 de Noviembre. Detalla como en agosto del año pasado llegó la imperativa orden del hoy imputado Roberto Baratta: «O la prenden o les cortamos todos los pagos». La prendieron. Pero solo duró 20 días. Alrededor de 100 técnicos, entre los que aportó la empresa española y los de la alemana Siemens, fabricante de las turbinas, llegaron de todas partes del mundo para satisfacer los pedidos de Baratta: prender para que Cristina Kirchner la inaugure durante la campaña. No solo vinieron técnicos especiales sino que se trajo desde Chile una arena especial, en camión para el funcionamiento de una caldera. Los apurones de esos días, hasta el carbón que no alcanzaba y los globos para el festejo que querían inflar con oxígeno para la puesta en escena, está detallado en esta nota imperdible. Futuro incierto para una central a carbón, símbolo del relato kirchnerista retoque Cerca