DSC01070 Por Héctor Barabino.- 10/12/1991. Néstor Kirchner comenzaba su reinado feudal. Declaraba en estado de emergencia la provincia que había recibido de manos de Héctor Marcelino García, a quien  luego Kirchner le endosaría la responsabilidad de «la provincia en llamas» a pesar de haber acordado con él y otros sectores del peronismo, un breve gobierno de transición del que se hizo cargo García cumpliendo con el mandato de los eyectados Ricardo Del Val, y José Ramón Granero. A pesar del destrato que le dispensó Néstor, «Chicho» García,  suegro de Máximo y padre de la senadora ultra K Virginia García, nunca se dejó «kirchnerear», es decir, nunca asimiló aquella afrenta. Santa Cruz tenía 90 mil habitantes, 15 mil empleados públicos, la caja de jubilaciones saneada, una obra social con servicios de excelencia. Existía una carrera administrativa, un gremio fuerte como la APAP,  Educación, salud pública, y justicia equilibrada. Elecciones limpias, y una Constitución sin parches. Imperaban la autoridad y el respeto. Al presupuesto abultado y sin déficit, se le sumó U$S1.200 Millones que recibió la provincia por regalías mal liquidadas. Un día vino el presidente Menem a Gallegos, y en el cine Carrera anunció beneficios para los patagónicos en las tarifas del gas, y el precio de los combustibles. Unos años antes, el presidente Raúl ALfonsín había impulsado el impuesto del 6×1.000 a las tarifas de energía de todo el país para que Santa Cruz financie las obras del interconectado. ¿Cómo explicar a esta Santa Cruz de hoy?, sumida en la crisis y el desconcierto ante un gobierno que reparte culpas hacia atrás y hacia adelante. Los responsables del caos actual son Acevedo, Sancho, Peralta, «la herencia recibida», y el futuro negro que nos espera, es obra del gobierno de Macri. Si no se hacen cargo ni de su propio pasado, menos podemos esperar que se hagan cargo del futuro. Al menos del nuestro.