Por Héctor Barabino.- «No tengo pruebas pero tampoco tengo dudas», era una de las frases preferidas de Cristina Fernández de Kirchner cuando en los noventa como legisladora denunciaba al gobierno de Menem sin más argumentos que las evidencias. Durante muchos años en Santa Cruz convivimos con las evidencias de que los U$S 600 millones que en los noventa la provincia había cobrado por regalías mal liquidadas y que se duplicaron con la compraventa de acciones de YPF privatizada, estaban siendo malversados. Y que aquellos  «ahorros de los santacruceños» que habían sido depositados en el exterior «para protegerlos de las inseguridades de la economía nacional», se desvanecerían poco a poco primero de nuestra memoria y luego del patrimonio público. Hoy esas evidencias ya son certezas inapelables. Y no porque la muerte del financista Aldo Ducler haya puesto al descubierto algún secreto insondable o una verdad reveladora. Quien más quién menos en Santa Cruz podía saber que los fondos de las regalías estaban en manos de comisionistas financieros que apostaban con nuestra plata en bancos de Suiza, Holanda o Estados Unidos. Era cuestión de querer enterarse nomás, y no mirar para otro lado, o «hacer como si» todo fuese normal. Porque no era normal que ese dinero no esté en los presupuestos ni bajo control parlamentario ni del Tribunal de Cuentas.
Porque  en la provincia no había registros de los movimientos de esos fondos, ni intenciones de saber dónde estaban, a nombre de quien, qué comisiones pagaba, qué intereses cobraba, en definitiva a quién o a quiénes estaban beneficiando esos cientos de millones de dólares que sumaban cerca de tres presupuestos provinciales. Ni a la justicia de Zannini, ni la legislatura del Frente para la Victoria, ni el Tribunal de Cuentas controlado por el pariente Mario Layún,  les interesaba sabe el destino del dinero. O mejor dicho, les interesaba que no se sepa. Mientras tanto y a pesar de poseer ese dinero que Néstor llamaba «el fondo anticíclico», en 1998 el gobierno provincial privatizó el Banco Santa Cruz para atender urgencias financieras. Rara operación, se lo vendió al grupo Eskenazi a 12 millones de dólares, y le endosó a la provincia un pasivo de 200 millones de dólares que se licuarían en el Banco Residual. «Kirchner me pidió que compre el banco», confesaría después don Enrique Eskenazi. Los fondos comenzarían a blanquearse recién a partir de 2003, después de 9 años de deambular por el imprevisible ruleta del mundo de las finanzas,  cuando Néstor decidió que era hora de alcanzar su sueño presidencial.  Según Ducler esa campaña de la mano de Duhalde fue financiada con los fondos de Santa Cruz.  Otra evidencia, no hay pruebas. Lo cierto es que de aquel dinero solo regresó una parte, menos de la mitad, unos U$S 570 millones, ¿y los más de  U$S 600 millones restantes?, no lo supimos nunca. Todo normal,  otro «como si». De la plata que regresó a las arcas provinciales cerca de 40 millones de pesos se invirtieron en la cementera de Pico Truncado, y los demás millones «se evaporaron en salarios», aseguró en 2012 la entonces presidenta Cristina Fernández por cadena nacional endilgándole a Daniel Peralta la irresponsabilidad. Los mismos millones y los mismos personajes volvieron a danzar para hacer un nuevo negocio bajo sospecha.  Entre 2008 y 2011 el Grupo Petersen compró el 25,46% de las acciones de YPF, por unos US$ 3.300 millones. Hombre de suerte Don Enrique como hizo con el Banco Santa Cruz volvió  a hacer un gran negocio sin plata, cancelando la compra con dividendos a cobrar de la propia YPF y con un préstamo del Credit Suizze a pesar de no contar con los respaldos suficientes. «El fallecido Ducler señala en los papeles que la compra de acciones por parte de la familia Eskenazi fue impulsada por el ex presidente Néstor Kirchner.», escriben por estos días los diarios. Difícil por ahora acreditar la veracidad de la denuncia póstuma del financista. Pero como dice Cristina, en Santa Cruz no tenemos pruebas de adonde fue a parar ese dinero,  pero tampoco tenemos dudas de que en Educación, Salud, Trabajo y Jubilaciones, no está.