Por: Javier Stoessel-Diana Huerga La Corte Suprema, luego de casi tres años, acrecienta la política de desentendimiento y abandono de la ciudadanía santacruceña. Un aval a la arbitrariedad. Tardó casi tres años para resolver y avaló un sistema electoral perverso, que tanto mal ha causado a la vida cívica y política santacruceña. Los que vivimos acá lo sabemos: sin ley de lemas nuestro gobernador sería otro, nuestro intendente sería otro, varios de nuestros diputados no serían los que están hoy sentados votando leyes; porque no son los que votó mayoritariamente el pueblo. Sin embargo, la Corte desconoce que ello afecte el sistema democrático y republicano de gobierno. Esquivó su responsabilidad como el organismo de control de constitucionalidad y de las garantías de legalidad de las decisiones tomadas en la esfera provincial, dejando librado el sistema electoral santacruceño a la manipulación política de turno. Cuando reclamamos por la presencia de Nación en Santa Cruz, reclamamos para que las autoridades constituidas -en este caso la Corte – asuman su responsabilidad, y cumplan su función sin excusas. Con este mezquino fallo, solo se desentienden de su misión, abandonando a sus ciudadanos a un poder judicial arbitrario y a una legislatura que no reconoce límite legal alguno y sin voluntad de debatir seriamente un sistema electoral acorde a una democracia moderna. Ahora será el sector político santacruceño a quien se deberá reclamar para establecer un sistema electoral sin vicios de origen y generar gobiernos que sean más representativos. Nuestros diputados provinciales -en su bloque mayoritario-, hasta la fecha, no han dado muestras de querer afrontar este debate. Ojalá estén a la altura de su mandato legal y constitucional; o que la ciudadanía se los demande y reclame con la convicción necesaria. *Los autores son los impulsores del amparo contra la ley de Lemas que llegó hasta la Corte Suprema