Nicolas Vacarezza Boccalon
Por Nicolas Vacarezza Boccalon

Hay quienes sentimos hablar de los fondos de Santa Cruz y lo tomamos a modo personal. Percibimos en esa frase todo lo que pudimos ser y no fuimos. Cosas de la historia, ese sentimiento se volvió también carne en quienes vieron con la soja a u$s600 otra oportunidad perdida.

La evaporación de los fondos de Santa Cruz podría ser una justa metáfora para describir cómo se siguen evaporando el talento y los sueños de miles de jóvenes de esta tierra. Miles de jóvenes que transcurren sus días amontonados en dependencias públicas o en boliches de poca monta. Jóvenes que en muchos casos ya cargan en sus hombros con la responsabilidad de educar a sus hijos. De educar a los ciudadanos del futuro.

El inescrupuloso despojo del amo del feudo a los recursos que podrían haber mejorado la calidad de vida de nuestra sociedad nos golpea desde entonces y cada vez con más saña. Vaciadas de honestidad y ética, las caricaturas de aquel amo siguen perpetrando en esta tierra el mismo método que iguala siempre para abajo.

Y como para muestra basta un botón, hoy una de sus caricaturas se piensa también rey y hace desplegar su alfombra en la entrada del palacio municipal para su vulgar ir y venir diario.

Mientras, en otro punto de la ciudad, vecinos, familiares y amigos de los súbditos arrodillados ante los caprichos de la caricatura se suben a sus automóviles para hacer tronar sus bocinas y convertirlas en un nuevo grito sagrado de libertad.

Pero en el feudo, ni las marchas evitan poner de manifiesto la preocupación de ser considerado oposición, término que decidió utilizar el eterno oficialismo para deslegitimar las convocatorias espontáneas.

Esto llevó a preguntarme: ¿acaso no nos oponemos a la improvisación e incapacidad de los tomadores de decisiones? ¿Acaso no nos oponemos a su falta de humanidad y de sentido común?

¿Qué tendría de malo ser considerado opositor, entonces? Si no habría algo a lo que oponerse; ¿habría marchas y manifestaciones?

Tal vez llegó el momento de desnaturalizar el hecho que vivimos en un feudo para atrevernos a saltar las barreras con las que el Estado omnipresente busca limitarnos todo el tiempo. El divide y reinarás pasó a ser sin dudas la mejor política pública de Santa Cruz.

El desafío que este momento de la historia nos pone por delante es dejar de esquivar la raíz de nuestros problemas y no callarnos más.

Por ejemplo. Hace años que la preocupación más palpable para quienes vivimos en Río Gallegos son los baches en las calles. Es lógico, son cráteres imposibles de evitar. ¿Pero alguna vez nos preguntamos cuántas veces por día, por mes, por año, nos quejamos de los baches que tiene la educación pública de nuestra provincia?

El desnivel en el pavimento no sería un problema si pusiéramos mayor énfasis en el otro bache: el que significa la disminución o interrupción en el progreso y desarrollo de algo. Especialmente, de nuestra educación pública.

Sólo direccionando nuestros enojos en la dirección correcta podremos comenzar a construir verdaderos cimientos que nos permitirán dejar de lado la abrumadora humillación de seguir reclamando un poco de asfalto.

Mientras sigamos creyendo que recién después de la jubilación viene la libertad para pensar, para decir, para reclamar, seguiremos irremediablemente condenados a la decadencia crónica.

En un mundo en el que la revolución digital avanza a pasos agigantados, sentir temor por perder un puesto en la administración pública se ha vuelto inaceptable. Hoy los esfuerzos deben estar destinados a persuadir sobre la imperiosa necesidad de descomprimir un Estado tan elefantiásico como estéril. Ese es quizá el mayor desafío que tenemos por delante.

Empujar a las personas a salir de su zona de confort y animarlos a buscar y enfrentar nuevos desafíos. Allí debemos dirigir toda la presión social.
Los compulsivos creadores de impuestos quedarían incrédulos al ver cómo aumentaría la recaudación si tan sólo comenzaran por reducir tanta carga impositiva y tantos cargos públicos improductivos.

Justo sería que las carencias intelectuales de los tomadores de decisiones repercutieran en su desarrollo individual y no en el nuestro. Pero lejos de eso, su mediocridad galopante no hace más que perjudicar el bienestar general. Motivo más que válido para involucrarnos un poquito más que ayer, sin temor a ser considerados oposición.

En la tierra del amo y sus caricaturas, la parafernalia es ley. Por eso, mientras vemos a nuestras fuerzas de seguridad desplegadas en una autovía mal diseñada controlando documentos, patentes, seguros, permisos y cualquier papel que tengamos a mano, en otras provincias e incluso en otro país, utilizan una aplicación diseñada por un joven ingeniero santacruceño que permite agilizar y optimizar toda esa burocracia.

Acá no accedieron a usarla. Lo más probable es que haya sido porque este joven ingeniero sea de la “oposición”. Otra metáfora justa para decir que aún hoy, nos siguen despojando de los fondos de Santa Cruz.

A principios del siglo XX, el aviador y autor de El Principito Antoine de Saint Exupéry, inauguró la ruta Bahía Blanca – Río Gallegos, dos ciudades que hasta entonces solo podían unirse por mar. Fue luego de esta travesía cuando escribió: “los sacamos de su desierto.”

Tal vez, sea momento de inaugurar la hora de la oposición.

*El autor es periodista.