LA NACIÓN/Mariela Arias.- 

EL CALAFATE.- A un año del crimen de Fabián Gutiérrez, el juez que instruye la causa evalúa si pedirá una breve prórroga de la instrucción antes de dar vistas a la fiscalía y elevar, esta parte de la investigación, a juicio oral. Para el juez de instrucción Carlos Narvarte hay prueba suficiente, en las casi 3000 fojas que suma el expediente, para que Facundo Zaeta, Facundo Gómez y Pedro Monzón sean juzgados por el delito de homicidio doblemente calificado por ensañamiento y alevosía contra el exsecretario privado de Cristina Kirchner.

“Como expuse en el autodeprocesamiento, los tres fueron los autores y coautores de este hecho. Pero hay ciertas medidas que necesito realizar para cerrar esta instrucción, si hay alguna persona que ha participado en el encubrimiento del hecho y en ese sentido, estudiar qué medida de prueba podríamos adoptar, pero con respecto a las tres personas detenidas, me quedan un par de diligencias más y elevamos la causa a juicio”, aseguró a LA NACION, el juez Narvarte.

El juez explicó que como efecto de la pandemia algunos trámites se vieron demorados en la justicia, sin embargo considera que la prórroga que podría solicitar, no se extenderá por más de uno o dos meses. El año de la causa se cumple el 4 de julio, la mañana que Pedro Monzón, confesó ante el juez donde habían dejado el cuerpo del empresario.

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Atrás quedaban 36 horas de horror, sobre las que aún restan encontrar piezas del rompecabezas que indiquen si los tres jóvenes actuaron solos o recibieron ayuda. Mientras los abogados de los tres procesados arman su propia versión de los hechos intentando que sus defendidos no lleguen a perpetua, la querella, que representa a la madre y la hermana de Fabián Gutiérrez, sostiene que aún resta definir quiénes fueron los encubridores.

Sobre este punto, Sandro Levin Dumenes, el abogado querellante consideró “la causa está cerrada, resta que se agregue el informe final del médico forense a los fines de determinar cuál fue el elemento constrictor que se utilizó para ahorcar a Gutiérrez. La huella de 5 mm que le dejaron indica que usaron un cable y no una venda”, afirmó a LA NACION, el abogado Levin Dumenes.

Para Levin Dumenes en función de los datos concluidos por los médicos forenses, la participación de los tres jóvenes fue indispensables para ser considerados coautores. “El cuerpo presentaba multiplicidad de golpes y según los informes de la autopsia, fueron propinados por dos o más personas”, afirmó Levin Dumenes. Quedó establecido que Gutiérrez murió entre las 23 y la primeras horas del 3 de julio. Cuando lo trasladaron en la caja de una camioneta envuelto en una alfombra, el exsecretario de Cristina, ya estaba fallecido.

De los entrecruzamientos telefónicos de los involucrados en la causa, no se habría encontrado prueba relevante, en tanto que el iPhone de Gutiérrez no pudo ser abierto por los expertos y Narvarte pidió a la compañía Apple, que le permitan ingresar al iCloud, la nube que guarda los datos del teléfono. Para Narvarte y para la querella, la información que pueda relevar el teléfono, no es sustancial para cambiar el curso de la causa.

A Fabián Gutiérrez le pegaron con un palo en la cabeza en el parietal izquierdo, lo maniataron, le propinaron golpes en la cara y en el cuerpo y lo ahorcaron varias veces con un cable, hasta ahogarlo. Post mortem le dieron puntazos en el cuello. Murió por asfixia mecánica. Quienes lo mataron buscaban dinero en efectivo en grandes cantidades. Nunca se encontró rastros de ese tesoro que buscaban.

Las últimas horas

El 2 de julio, Gutiérrez concretó una cita secreta con Facundo Zaeta en la casa a la que se acababa de mudar solo. Su madre, fue quien alertó a la policía al día siguiente cuando su hijo no respondía las llamadas y la casa estaba vacía.

La noche del 3 de julio, Narvarte y los peritos de criminología de la policía entraron al chalet de Gutiérrez, todo estaba ordenado y limpio. Sin embargo, una gota de sangre rebotada en el techo, alertó al juez. Los peritos detectaron a través del luminol la escena de un crimen de extrema violencia. Todo indicaba que nadie había sobrevivido en semejante escenario.

Zaeta fue el primero en llegar con Gutiérrez a la supuesta cita, lo redujo, lo golpeó y lo maniató. Llamó a Gómez que esperaba el contacto junto a Monzón. Al llegar a la casa de Gutiérrez, cambian los relatos de los tres jóvenes que se inculpan haber sido los ideólogos del asesinato a Gutiérrez.

Zaeta acusa a Gómez de haber gestado la idea de robarle a Gutiérrez . Gómez asegura que solo fue a robar a propuesta de Zaeta, “en mi vida cometí un delito, ni pensé hacerlo(…) no sé si de pendejo o qué y le dije que sí”, declaró en la causa. Gómez llevó a Monzón quien aseguró que no sabía porque iba, que lo hacía porque Gómez era su jefe.

Tanto Gómez como Monzón declararon haber quedado en estado de shock al ingresar y ver a Gutiérrez golpeado y sangrando en el piso. Aquí las versiones vuelven a cambiar. Gómez asegura que Zaeta ultimó a Gutiérrez, en tanto que Monzón y Zaeta afirman que Gómez le tiró una piedra en la cabeza a la víctima. La defensa de Gómez asegura que se trata de un invento de Monzón y afirman que aún faltan citar testigos e identificar de quien era el auto blanco y una camioneta RAM en la escena del crimen. Sostienen que Gómez se retiró de la escena y solo Zaeta y Monzón participaron del raid para esconder el cuerpo. También piden las pericias de un cuaderno de Zaeta donde estarían, garabateadas, las instrucciones para el crimen.

La defensa de Zaeta se enfocó en ubicar a Gómez como ideólogo del crimen y en atribuirle a su familia supuestos negocios con el exsecretario presidencial. Por su parte, la defensa de Monzón se centra en que su testigo sea considerado partícipe secundario obligado por su ex jefe.

Tanto la querella, como las defensas coinciden en que se podría probar la participación de más personas en el encubrimiento del crimen y que esto podría complicar la situación de familiares y del círculo íntimo de alguno de los procesados. Estas respuestas, son las que aún restan develar

Nota completa publicada en La Nación