Hector Barabino
Por Hector Barabino

SANTA CRUZ.- La histórica derrota del kirchnerismo en la provincia encuentra explicación en la impericia de Alicia Kirchner a la hora del armado político de la campaña; la audacia del sindicalista Claudio Vidal quien aprovechó al máximo los errores del oficialismo a partir del desplante que le hizo el Frente de Todos; y los errores de gestión que el gobierno prefiere ignorar o minimizar. Entre otros, las consecuencias económicas de la pandemia, el desinterés por la educación, y el impacto social que produjo la desaparición de Marcela López. El Frente opositor a su vez, supo aprovechar la división del kirchnerismo y la tracción del triunfo en las PASO que actuó como una virtual ley de lemas potenciando las diferencias positivas entre los aliados.

Cuando tras la derrota en las PASO la gobernadora pidió la renuncia a todo su gabinete y decidió ponerse ella misma al frente de la campaña para revertir el resultado, todo hacía pensar que la reacción del gobierno rendiría sus frutos sobre todo teniendo en cuenta lo que vino después, el uso indiscriminado del aparato estatal puesto al servicio de la camapaña. Bien K.

Una sucesión imparable de acciones de gobierno con anuncios, algunos palpables, como el restablecimiento de los días 24 como fecha de pago a jubilados que el mismo gobierno había desplazado del calendario; el pase a planta de contratados con 6 meses de antigüedad, la entrega de títulos de propiedad de terrenos y de becas y subsidios, y la inauguración de obras de pavimentos y de servicios, entre muchas otras.

La joya proselitista fue la inauguración de la zona franca comercial de Río Gallegos, donde había que remontar nada menos que los 35 puntos de diferencia con los que se impuso el frente Cambia Santa Cruz con Roxana Reyes a la cabeza.

Ni siquiera la presencia de la vicepresidenta, Cristina Fernández, en la inauguración pudo traducir en votos el «sueño de Néstor» con el que el gobierno propagandizó la apertura de la zona franca.

Ni con Cristina en la inauguración de la zona franca, el gobierno pudo sumar votos vendiendo espejitos de colores envueltos en papel celofán con el rótulo de «el sueño de los santacruceños».

Qué hizo mal el gobierno para sufrir la peor derrota en su historia de tres décadas en el poder provincial.

Sin dudas que entre las causas, la primera es la impericia de Alicia Kirchner, a la hora de conducir política partidaria, no es el perfil de «armadora» el que la caracteriza a la hermana mayor de Néstor Kirchner. Es más, no tiene ni tuvo en su gabinete ni un solo ministro o ministra que conduzca políticamente el gobierno.

Se podrá discutir su eficiencia como administradora, pero ésa es su mayor impronta. La respalda su historia como funcionaria. Desde 1980 -sí, «en plena dictadura»- cuando ejerció como secretaría en el Ministerio de Asuntos Sociales, viene desempeñándose en el área más sensible de los gobiernos, la «acción social». Fue ministra de su hermano gobernador de Santa Cruz desde 1991 y luego ocupó el cargo equivalente en Nación durante las presidencias de Néstor y Cristina.

Experiencia de gestión pública a Alicia le sobra. En la misma proporción que carece de las herramientas y el instinto para maniobrar políticamente, mucho menos una campaña proselitista.

Dos datos corroboran este déficit en la gobernadora: se puso al hombro la campaña en Río Gallegos, y el Frente de Todos descendió del segundo al tercer puesto entre las primarias y las generales. Junto al intendente, Pablo Grasso, fue a acompañar el cierre de campaña de Kaky González en Caleta Olivia, y repitieron el cómodo tercer puesto que habían alcanzado en las primarias.

El primer yerro fue haber dejado librado a su suerte al sindicalista, Claudio Vidal, quien pretendía encabezar la lista del Frente de Todos, privilegio que le fue negado desde el gobierno. Más allá de abonar la versión que indica que la tercerización de Vidal fue producto de una estrategia del gobierno para recuperar una banca en Diputados con el petrolero como aliado, lo cierto es que parece muy caro el costo de semejante empresa, que el kirchnerismo se exponga a una derrota digna de amateurismo y salga tercero en la cuna del modelo es una afrenta difícil de digerir.

En Río Gallegos, el Frente de Todos sufrió la peor derrota en el contexto provincial, perdió por más de 16 mil votos a manos de Cambia Santa Cruz.

En la capital provincial el frente que postuló a Roxana Reyes, Leo Roquel y Gaby Mestelán, sacó 16 mil votos de diferencia al Frente de todos.

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Pablo Grasso, el otro gran derrotado que usó a discreción los recursos del municipio en la campaña.

¿Por qué el gobierno rechazó al sindicalista peronista Vidal y a cambio impulsó a un desconocido intendente de una ciudad sin peso electoral, y a una más deconocida aún funcionaria de Grasso heredada de la gestión radical de Roberto Giúbetich?, es una incógnita que nadie nunca explicará. Menos aún luego del fracaso del ensayo.

¿Que el peronismo suma dos bancas en diputados en lugar de una como tuvo hasta hoy?, es indiscutible. Difícilmente la banca de Vidal escape a los influjos de Máximo Kirchner, con quien Vidal tiene una muy buena relación.

¿Que el frente opositor Cambia Santa Cruz perdió una banca?, es verdad. Tanto como que el vecinalista de Las Heras Antonio Carambia que accedió a una banca en Diputados en 2017 de la mano de Eduardo Costa, se kirchnerizó apenas cruzó el umbral de la puerta de entrada al Congreso y hoy junto a su hermano intendente, conforman el «equipo» que acompaña a Claudio Vidal en su derrotero hacia la gobernación.

Un dream team que completa una larga lista de radicales, entre otros, los dos exintendentes de las dos capitales provinciales, Roberto Giubetich de Río Gallegos, y Facundo Prades de Caleta Olivia.

Más allá de esta lectura de manos para saber quién hará mañana lo contrario a lo que pregona hoy, lo concreto es que el Frente de Todos perdió una elección que lo expuso del peor modo ante los ojos de la sociedad, y ante la mirada inquisitoria de la política nacional y la prensa porteña siempre interesada en las desventuras de kirchnerismo en su pago chico.

Si bien no es la primera derrota del kirchnerismo en elecciones de medio término, sí constituye una novedad en la heráldica del apellido Kirchner que por primera vez queda relegado al tercer puesto, por más que su vencedor sea un aliado estratégico circunstancialmente distanciado de la familia.

El calafateño se aferró a la candidatura de Kaky González con una cuota de lealtad al amigo de andanzas automovilísticas, y con el objetivo estratégico de restarle votos a Claudio Vidal su principal adversario en la provincia: «votar a Kaky es votar a Javier» fue el slogan de Belloni en una jugada arriesgada que casi lo deja afuera del podio.

Las razones de fondo que también explican el rechazo al gobierno.

Obviamente los errores de gestión que el gobierno prefiere ignorar o minimizar, constituyen la razón de fondo del rechazo de una parte de la sociedad a la gestión de Alicia Kirchner. Aunque en campaña los asuntos de interés públicos pasen a segundo plano en aras de las imputaciones cruzadas o del autobombo del oficialismo que busca traccionar votos por vía del contagio del entusiasmo propio.

Las consecuencias económicas -evitables- de la pandemia sin dudas es una espina clavada en la sociedad. El cierre intempestivo de los comercios en Río Gallegos donde prácticamente no hubo casos de coronavirus en los cuatro primeros meses de la pandemia. El comercio de la capital se moviliza en gran parte con los clientes empleados públicos que no dejaron de percibir sus sueldos puntualmente durante la pandemia, ¿con qué necesidad obligaron a cerrar sus puertas a comerciantes, los que en muchos casos no volvieron a abrir? A la angustia se sumó el malestar de los propietarios toda vez que los grandes supermercados no cerraron un solo día.

Al perjuicio a la economía se sumó la falta de compromiso del gobierno para con la educación. No hubo una sola medida decidida por Alicia Kirchner o la presidenta del Consejo de Educación, Cecilia Velázquez, que enviara señales a la sociedad de un verdadero interés porque los chicos vuelvan a las aulas. Copiaron y pegaron cada resolución o decreto que firmaban el presidente Alberto Fernández o las autoridades de Educación de Nación, cerrando las escuelas de la provincia, aún en aquellas localidades como El Chaltén, por ejemplo, donde durante meses no hubo un solo caso de Covid.

Este destrato para con la educación también formó parte del menú de desaciertos del gobierno que generaron mal humor en el votante.

El caso de la desaparición de la querida vecina Marcela López, cuyo paradero se desconoce desde hace más de seis, meses invade los ánimos principalmente de los riogalleguenses y cada vez más su misteriosa ausencia y el inexplicable silencio oficial van calando en la sociedad y contaminando el humor social.

La indiferencia de Alicia Kirchner y sus funcionarios por la situación de Marcela López y el padecimientos de sus hijas y hermana, incluida la apatía de los organismos de Derechos Humanos o las oficinas de defensa de Género también tuvo su correlato negativo en las urnas. Quién sabe en qué proporción, y poco importa a esta altura cuando detrás hay una persona desaparecida. Pero que al menos sirva para que el gobierno tome nota de sus descuidos imperdonables.

¿Puede recuperarse el kirchnerismo y retener la gobernación en 2023? Sin dudas que sí.

«Las verdaderas elecciones se juegan cada cuatro años, cuando se disputa el verdadero poder de la caja. Las elecciones intermedias son concursos electorales», define pragmático un observador de la política provincial.

Tres décadas ininterrumpidas en el poder así lo certifican. La elección del domingo fue un traspié que no basta para derribar a un gigante con las bases bien sentadas en el Estado como botín para generar clientes e imponer autoridad sobre una sociedad carente de instituciones públicas o entidades civiles fuertes que la contengan y la defiendan ante los embates del poder.

«Los números varían, sabemos que van y vienen», relativizó el resultado electoral el diputado electo Gustavo Kaky González, en medio del particular «festejo» del Frente de Todos en el comando al que asistió la gobernadora Alicia Kirchner el domingo a la noche.

Dijo sentirse orgulloso por los «más de 43 mil votos» que recibió, a pesar de ser «un intendente que venía de la zona norte de la provincia donde había lugares donde no me conocían, que nos teníamos quer ir presentando«, y omitió decir que en su localidad donde se supone que sí lo conocen perdió la elección a manos de la riogalleguense Roxana Reyes.

Como si habitaran en una realidad aparte a la del resto de los mortales, en un universo en el que no existen derrotas electorales ni demandas urgentes de la sociedad. Una dimensión extraña donde la educación, la salud y la economía andan de maravillas y no existen ni el hambre ni la pobreza, ni mucho menos, desaparecen personas sin dejar rastros.

Del brazo de Kaky, Alicia encaminó una derrota que le provocó un desgaste innecesario