EL CALAFATE.- Irene Ishimine, nació en Brasil, vive en El Calafate desde 1988 y junto a José María Méndez su esposo, vinieron, se fueron, volvieron y se quedaron. Echaron raíces, construyeron su familia y también se animaron a emprender. Desde los letreros de madera que engalanan muchos comercios de la ciudad, hasta los juguetes didácticos que venden en su local, tienen el encanto de la producción artesanal.

Irene recuerda que hasta 2008 realizaban artesanías, en ese momento debido a un problema económico dejaron el rubro y comenzaron a fabricar juguetes.

Cuando empezaron Irene se apoyó en varias amigas docentes que la orientaron hacía el mundo de los juegos didácticos, en un principio los del Método Montesori. «Hasta ese momento Laberinto funcionaba en casa y trabajábamos con cartelería publicitaria. La juguetería no era nuestra entrada económica principal», recordó sobre los inicios del comercio. En las creaciones aplica los conocimientos que aprendió mientras estudió Diseño Industrial en Brasil.

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La juguetería, sin embargo, fue tomando vuelo propio, y hace cinco años ubicaron el local en el centro de la ciudad. Allí se puede conseguir una gran diversidad de juguetes: animales de madera, miniteatros, aviones – que incluye una réplica del avión de Gunther Pluschow- y juegos de ingenio. Todos  con sus envoltorios y accesorios “made in El Calafate”.

Ella investiga en internet, busca información, prueba, diseña y crea finalmente la matriz en la computadora. José los hace realidad en su taller donde las casitas de muñeca se mezclan con mandalas y miniaturas de cuentos. Cada juguete de madera es terminado a mano, pintado, envuelto. En cada uno de ellos les queda la huella del amor a lo que hacen.

Juguetes en la era digital

Al tener mucho más acceso al turista, con local propio, Irene dice que  empezaron a hacer más hincapié en juegos generales, aunque sin perder el perfil didáctico de sus creaciones. Sin embargo , en una era donde lo digital ganó terreno en el campo de la diversión, es una buena pregunta saber si los niños aún usan juguetes. Ella  tiene una aproximación a la respuesta cuando analiza las ventas.

Los juegos de pesca, aviones y teatros de sombras son los que más se venden. En la época de las computadoras y los celulares, Irene indica que aún se venden muchos juguetes para el nivel preescolar, los más pequeños. «Esos chicos juegan afuera y usan los juegos didácticos. Luego de los 7 u 8 años, son más de lo tecnológico. Tenemos  juegos para esa edad como rompecabezas o de ciencias, pero no son masivos”, indica. 

“Aún hay familias en El Calafate que usan juegos de mesa y eso crea una continuidad con los educativos. Hay chicos que juegan al Juego de la Oca desde los 5 años y como los padres siguen jugando con ellos hasta la adolescencia, hay quienes continúan  con Carrera de Mente o el TEG”, expresa.

Durante la crisis económica por la pandemia , las jugueterías no han sido una excepción a nivel local. Según Irene, casi no hay ventas. «La gente ha perdido muchos recursos y los juguetes no son la prioridad” ,  menciona y asegura que también se han visto afectados por la merma del turismo.

Sin embargo, incluso en estos complejos tiempos,  la calidad de los juguetes de Laberinto llegan a hogares de otros puntos del país como CABA, el interior de Bs As, a Mendoza y al Nororeste del país, desde solicitan sus creaciones.

Sobre su niñez en Brasil,  Irene recuerda los barriletes. Un juguete que en estas latitudes es todo un emblema, que puede ser construido con las propias manos para después extenderlas hacia el cielo.

Como aquellos barriletes de la infancia, con amor por los juguetes y una imaginación sin fin, Irene y José, construyeron un sueño que todos los días levanta vuelo para jugar con las nubes, hamacarse en el cielo y remontar tormentas.

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