Cerca del despacho de Alicia

Cerca del despacho de Alicia

RIO GALLEGOS.- El día estaba helado, la carpa de los gremios seguía afuera y la información que llegaba desde Buenos Aires adelantaba que las propiedades de Cristina Kirchner serían allanadas. Pero aún podía empeorar la mañana de María Matilde Menéndez, la secretaria legal y técnica de la gobernación. Enfundada en sus botas de montar color tabaco y un sacón tejido en líneas oblicuas en negro y colores tostados recibió a los agentes de la policía federal que se presentaron con el exhorto del juez federal Claudio Bonadío pidiendo información sobre la causa Los Sauces, es decir la SA de la ex presidenta. Los efectivos de la federal buscaban documentación de la Agencia Santacruceña de Ingresos Públicos y tenían la dirección de las oficinas en la gobernación. Cuando llegaron a Alcorta 250, los hicieron ingresar por la calle Comodoro Rivadavia, mientras los funcionarios kirchneristas se quejaban porque tenían bloqueado el ingreso habitual a la gobernación por los manifestantes de los gremios. Una vez en la gobernación, los federales leyeron el exhorto en la antesala de la secretaría legal y técnica, ante Morales, la secretaria privada de Alicia Kirchner y el secretario de Seguridad, Lisandro de La Torre En una de las paredes de la oficina, colgaba el retrato de un Néstor Kirchner sonriente, los federales anunciaron que buscaban la información de la firma Los Sauces SA que pudiera esta en la ex Rentas o la nueva Agencia Santacruceña de Ingresos Públicos. – ¿Ustedes buscan a la ASIP?, Acá no está. ¿No tienen internet en Buenos Aires? Porque todas nuestras dependencias están en internet con sus respectivas direcciones, les informó sin disimular altanería la abogada Morales, una conocedora de los secretos de la gobernación. Ante la sorpresa de los federales por el error en la dirección de la oficina que buscaban , Morales, y De La Torre, -el joven de pasado rockero y presente camporista con zapatos en punta y cuidadosamente producido- les explicaron donde estaban las nuevas oficinas. Sin embargo, el procedimiento estaba en marcha y había que cumplir con el protocolo. Se respiraba tensión en el ambiente. Todos fumaban, más de lo habitual. Salía humo de la oficina, cuenta un testigo que pasó por esa área de la gobernación pasada las 10 de la mañana, cuando todo empezó. Hasta los policías fumaban. Hablaban de otras cosas, tratando de pasar el momento. “Hay veces que me siento discriminada cuando me dicen que en mi despacho hay olor a pucho”, se quejó Morales. Llegaron los mates para intentar distender el clima. Sin embargo, los funcionarios de Alicia deslizaban entre mate y mate que los allanamientos “eran un avasallamiento de la justicia” sobre los Kirchner. Se quejaban, por lo bajo, aunque intentaban ser amables. El operativo no terminaba más. Había que escribir las actas. Constatar la identidad de los presentes, certificar que el exhorto traía una dirección errónea. El joven secretario de Seguridad de nombre ilustre estuvo todo el tiempo sin perder detalle del operativo. Mate, y firmas. Chau, chau. Así terminó la pasada de la federal por la gobernación.