Por Pilar Melano, voluntaria en los JJ. OO.  RIO DE JANEIRO. Primer día. El primer día de trabajo. La primera experiencia como voluntaria en estos juegos fue en los 20 km. de marcha atlética masculina el viernes después del mediodía. El lugar está a dos horas de donde me hospedo, de modo que salí temprano, pero no fui la única ya que el mismo subte que me llevaba a mí en otras paradas conectaba con la laguna de la zona sur donde se hacen las pruebas de remo (competencias y lugar deliciosos, un gran espectáculo) y con el gigante del campo olímpico. Conclusión: apretón en el subte. Un rato después de esas paradas llega la zona llamada Pontal, sede de algunas pruebas de ciclismo y de las marchas atléticas. La prueba consiste en hacer un circuito de 1 km 20 veces. Había llovido toda la noche y a las 11 todavía el cielo se resistía a despejarse. Con la acreditación recibimos algunos presentes, el vale para la comida y nos vamos conociendo, aún bajo la lluvia hacemos caminado el recorrido con el coordinador a medida que van llegando las cámaras de filmación, las motos y como siempre el despliegue militar con perros que más tarde revisarán cada centímetro del área. Para la hora de la prueba ya habíamos almorzado y dispuesto minuciosamente las esponjas en los baldes con agua y las botellas en las mesas. Nuestra tarea era reponer constantemente, agregar agua y, eso hice yo: recoger las que tiraban los atletas unos metros más adelante. Pero el gran privilegio no fue ver la prueba desde ahí sino la previa, mi primera tarea no oficial fue conversar con dos guatemaltecos que venían a alentar a su único representante, llegaron con la lluvia para conseguir un buen lugar donde colgar la bandera. También temprano la familia de nuestro representante argentino estaba ahí presente. (Yo no puedo alentar para afuera, me las tuve que apañar en silencio). Conversé con un dirigente venezolano que hace 45 años fue campeón sudamericano de 800 metros, con una señorita keniata con la cabeza llena de mini trencitas que alentaba a sus compañeros, con un grupo de marchistas brasileros que se hicieron remeras iguales para alentar a su compatriota. Con todos, entrenadores, dirigentes, atletas, familiares, fanáticos que no pararon de gritar durante casi una hora nos dijimos «hasta el viernes», en la próxima marcha. Cuando escribo esto faltan unas horas para el Maratón femenino, tal vez sea otra vez la de las esponjas.