Por Pilar Melano, voluntaria en los JJOO 2016 RÍO DE JANEIRO. – Llegó el día de retirar uniforme y credencial, la cita fue en el mismo sitio donde se preparan los carros que participarán en el sambodromo durante el carnaval. Hay galpones dispuestos en un círculo, una calle circunda al espacio central, techado, abierto y con un escenario. Si los portones están abiertos se asoman al ojo curioso restos de falsos edificios, dragones dorados a los que ya les falta un ojo, una hormiga de tres metros de largo que vista de cerca hasta parece cariñosa. Las estructura sobre la cual samban esos cuerpos brillantes enfundados en ‘hilo dental’ y plumas que vemos por la tele (nunca estuve, aún, en el carnaval de Río) son una suerte de andamios de caños tubulares dispuestos con mucha precisión sobre una base de hierro con ruedas y motor. Hace acordar a los juegos de niños, esos de construcción que te permiten hacer una casa, una grúa o un puente. En total eso tiene el tamaño, por lo menos, de un monoambiente alto. Después parece que le suman plumas, cuentas de colores, lentejuelas y música. En ese lugar los trabajadores mueven aves gigantes, amontonan trozos de espuma, llevan, traen, desarman y parecen en otro mundo respecto del de los hombres de amarillo de los Juegos Olímpicos. Algunos de aquellos galpones estaban preparados ayer para otra cosa. Frente al primero, unas vallas en la calle central iniciaban los pasillos que conducían a un lugar y luego a otro y a otro. En un movimiento constante uno pasa de identificarse a hacerse la foto y retirar la credencial. Sí, me pregunté cómo, en solo un par de minutos ocurrió todo eso. No tuve mucho tiempo porque entonces estaba en la calle otra vez, camino al galpón de entrega de uniformes. Ahora la identificación es a través de la credencial. Ya soy un código de barras. Entonces en el camino lo primero es un probador donde otros voluntarios te alcanzan las prendas de prueba, registran en una planilla el talle que corresponde y vas a por el calzado y por el bolso y por cada uno de los ítems. Otra vez el código de barras, otra vez el sol, otra vez los dragones y las hormigas. Todo es grande, hecho a lo grande, para muchos; como cuando agregamos caballetes y tablones en casa para que entren todos. Sigo aquí en el torbellino olímpico. Hasta pronto.