Por Pilar Melano, voluntaria en los JJ. OO.  RIO DE JANEIRO.- Yo vi celebrar a Bolt.Es decir vi al mismísimo Bolt festejarse, celebrarse. Sabe desde dónde lo están mirando, sonríe, levanta un brazo, señala la cámara y el estadio explota. Y vi a 47000 personas celebrar a Bolt, él provoca y cumple su objetivo. Nos sentimos obligados a devolverle la atención que nos hace. Desde que él ingresa al estadio los gritos son constantes, incluso cuando presentan a los otros atletas las ovaciones son para él. «U-sain-bolt!». Después, contener la respiración y un silencio imposible invade todo hasta que el disparo nos despierta y solo tenemos tiempo para el alarido de 10 segundos, sin pestañear, sin darnos tiempo a más otra vez Bolt haciendo monadas, golpeándose el pecho. Esperamos que se pare adelante nuestro y no podemos creer todavía lo que pasó. Una de las tantas maravillas del atletismo es que son muchas pruebas simultáneamente y que cada una tiene su historia, sus proceres, sus récords; la noche del domingo en este estadio (es lunes y espero que pase la lluvia para ver salto con garrocha) hubo un récord mundial, uno de esos que parece que quedarán para siempre, fueron los 400 metros masculinos más perfectos que tal vez podría haber deseado ver. Yo me quedé con la sensación de que fueron dos veces 200 metros, uno a continuación del otro. Impecable. Y fue bueno por varias razones ya que fue a la vez medalla dorada, récord olímpico y récord mundial. Todo. Parece que por acá deja de llover. Hasta pronto.