LA NACIÓN/Mariela Arias RÍO GALLEGOS.- Son maestros de grado, preceptores y directores. Algunos nacieron en Santa Cruz, otros migraron hacia aquí en busca de un mejor futuro. Difieren en visiones, pero todos coinciden en el lugar en el que les gustaría estar hoy: en las aulas. Sin embargo, tras los depósitos parciales de sueldos que hizo el gobierno ayer, lo mas posible es que por ahora los docentes, continúen en las calles. El viernes, el gobierno provincial anunció que depositaría los sueldos de marzo a todos los docentes de la provincia. Ayer los sueldos estaban abonados, pero de forma parcial y con retraso de un mes: percibieron el 73% del sueldo de marzo sin el aumento del 27% pactado en 2016 y que desde noviembre de ese año ya debería haber quedado integrado al salario. Desde el año pasado, el gobierno de Alicia Kirchner paga a los docentes en dos cuotas el salario mensual. «Lo hace con dos recibos, uno con el sueldo histórico y otro con el aumento del año pasado», detallan fuentes gremiales. Hoy se reúne el congreso gremial de la Asociación Docente de Santa Cruz (Adosac) para evaluar las próximas acciones: es posible que las medidas se extiendan para la próxima semana. Desde que empezó el ciclo lectivo el pasado 6 de marzo, ya hubo 37 días de paro y dos ministros en la cartera educativa. En muchas escuelas nunca empezaron las clases; en las que lo hicieron, el ritmo es de forma irregular, según lo que cada docente decide. Como en 2007, el conflicto docente se extendió a todos los empleados estatales. Desde hace un mes la Justicia, la educación y la salud están en puntos suspensivos. Los gremios, junto a la asamblea que suma a padres, estudiantes y jubilados, realizarán mañana un acto por el Día del Trabajador en los jardines de la gobernación. En este contexto, LA NACION recabó testimonios de docentes en huelga, tras una semana signada por los repudios a los hechos de violencia, la entrega de llaves de las escuelas que realizaron los directores y rectores, los padres y alumnos que se sumaron a la protesta y el reclamo de la Iglesia en favor del diálogo. Angélica Castro: «A los chicos les va a quedar el ejemplo de lucha» 9dc803de-e40b-4e94-b9f3-7ea11336ec39 Es maestra de dos escuelas primarias en la ciudad, la Nº46 y la 83º. Tiene 44 años y hace 22 que está al frente del aula. Es madre de tres hijos escolarizados y ella misma se define como «sostén de hogar». Como la mayoría de los docentes, participa de todas las actividades que organizan desde hace dos meses: las asambleas para tomar decisiones, las marchas de protesta, las de antorchas, cumple con su turno en la carpa montada sobre la avenida Presidente Néstor Kirchner y cada día que pasa se angustia por saber si sus hijos podrán comer. Fue una de las oradoras más fervientes en la multitudinaria asamblea pública realizada la semana pasada, cuando dio su testimonio hasta las lágrimas. «Hacer paro es una forma de demostrar que las clases igual están en la calle. Y vaya que ejemplo estamos dando las madres y docentes luchadoras, es una forma de luchar por la defensa de nuestros derechos y lo que consideramos justo, el pago de nuestros salarios», le dice a LA NACION. Mientras la marcha ya empezó a transitar las calles, ella comparte sus vivencias, y cuenta que sus hijos tampoco han iniciado las clases. Ella está convencida de su decisión de hacer huelga «más que una suma, o una resta, lo que les va a quedar a los chicos es el ejemplo de lucha, muy importante para su futuro, luchar por sus convicciones, luchar por sus derechos», remarca, mientras aprieta el redoblante que en minutos hará sonar con fuerza. Castro fue parte de las protestas en 2007. «Diez años después estamos en la calle. La historia se repite. El mismo gobierno, nos siguen vulnerando y sacando nuestra dignidad, es una historia que se repite hace casi 30 años, ya es hora de decir basta. Es doloroso». Dice que su situación es desesperante, ya que «hoy no tengo nada, ni siquiera un paquete de fideos. Fruta ya no puedo porque tengo que comprar lo esencial», Y, con la angustia reflejada en el rostro, afirma: «Es el dolor de decirle no a mis hijos, no a la chocolatada, no al yogur, no a los cereales, no a la leche. Es muy duro». Para ella, la situación actual es resultado de «una mala gestión que venimos arrastrando desde hace rato». La maestra asegura: «Parece que para la Nación no pasa nada, somos tan pocos, sumamos tan pocos votos. Creo que todo es el resultado de una mala, pésima gestión». Como otros, no da nombre, pero reparte culpas en el gobierno provincia y nacional. Fernanda Molina: «Lo estamos viviendo con mucha tristeza» Fernanda Rectora del colegio provincial secundario 41° Osvaldo Bayer, fue parte del grupo que el lunes pasado entregó las llaves de las instituciones y cerró las escuelas por un día, en lo que significó una medida de fuerza inédita. «Es muy triste ver la escuela vacía, los chicos quieren ir al colegio, los padres también y nosotros queremos estar haciendo la tarea para la cual nos hemos formado, dando clases, enseñando. Lo estamos viviendo con mucha tristeza, mucho dolor e impotencia, porque sentimos que somos el último orejón del tarro. Creemos que el gobierno no nos habla con la verdad y que nos viene manoseando constantemente», describe la rectora y artista plástica a LA NACION. Molina llegó hace 21 años a Santa Cruz y en su CV abreviado se describe como maestra de arte, profesora superior, licenciada, diplomada y con un posgrado en el extranjero. «Nuestra escuela tiene dos años de vida. Está emplazada en la periferia, en calles de tierra, a 9 kilómetros del centro, que acá eso es lejos. El barrio no cuenta con todos los servicios, no hay cloacas, y en algunos sectores no hay luz, ni gas natural, ni transporte público. Los chicos viven en una situación de alta vulnerabilidad. En la zona no hay clubes, ni bibliotecas, no hay otras instituciones más que la escuela. Entonces la escuela es el núcleo, es la institución en el barrio, es un lugar de anclaje y de acompañamiento para estos chicos», manifiesta Molina. La rectora detalla cómo en febrero se reunieron casi todos los directivos de nivel secundario de Río Gallegos, pidieron una reunión con los supervisores, y redactaron un acta, porque creían que no estaban dadas las condiciones para el comienzo del ciclo lectivo. «Fue un inicio ficticio en la secundaria, porque al día de hoy no se han hecho las subastas públicas de cargos para cubrir todas las horas vacantes», señala Molina. Para ella, «la crisis en educación es estructural en Santa Cruz». «El vaciamiento es sistemático desde hace años y no solamente por cuestiones de fondos, sino también lo que tiene que ver con mantenimiento de edificios», explica. Y finaliza: «La situación es inadmisible y no podemos naturalizarlo. Más allá de la cuestión económica, la crisis en educación es profunda y tiene que ver con un acto de desidia de hace mucho tiempo. No les importa, porque en las escuelas hay gente calificada y con ganas de trabajar». Matilde Peso: «Es violento que nos sigan mintiendo en la cara» d0cfb6f1-2308-4a6d-9e36-a617e4dda93a Matilde Peso tiene 43 años y 23 como docente de grado en la Escuela Provincial Primaria 71. Trabaja como auxiliar docente en un Secundario 7, Dr. Julio Ladvocat. Es lo que aquí, en la Patagonia, se denomina una «nyc», nacida y criada. La infancia la pasó entre Puerto Santa Cruz y Piedrabuena, y a los 17 años llegó a Río Gallegos. Inicialmente estudiaba en un bachillerato con orientación pedagógica, pero el cambio de planes le truncó el itinerario y debió completar el magisterio en educación primaria en el Instituto Provincial de Educación Superior, IPES. «Pasé por varias escuelas al inicio de mi carrera. Luego tome interinato en la 71. Al tener doble turno, volamos entre una escuela y otra. Salgo a las 12.20 y entro a las 1.20. En el medio, corro» y agrega que el trabajo de los docentes, fuera del horario escolar, es enorme. El miércoles, en la vereda del Ministerio de Economía, no tuvo tapujos en mostrarle su saldo bancario en «0» a la contadora general de la provincia, Mónica Morandi, quien intentaba explicar por qué no les liquidaban los sueldos. «Me parece violento que nos sigan mintiendo en la cara. Hay algo que no se tiene en cuenta, aún no conocemos a nuestros alumnos, es terrible para mí. Un año normal, a esta altura ya tenes un vinculo que aún no se ha podido entablar, porque no los conocemos. Tenemos algunos compañeros que están trabajando y en el grupo de colegio, te dicen que tal alumno se fue de pase, era tuyo. Y vos te quedás con la angustia de que ni lo conociste». Pese a ello, reafirma su postura y dice que sigue en huelga «con convicción». También estuvo en la calle en 2007, cuando una masiva protesta docente derivó en una fuerte crisis social. Para ella la responsabilidad actual es tanto del gobierno provincial como nacional. «No puede ser que desde el gobierno nacional no reaccionen. ¿Cuál fue la ayuda de Macri, además de la plata que dicen que va, que viene, que nadie vio? ¡Mandarnos Gendarmería… ¿A quién cuidan?», se preguntó la docente. Ella hace paro en los dos turnos. Interrumpe la charla para saludar al equipo de administrativas de la escuela que llegaron a sumarse a la marchar. «Gracias por venir», repite con emoción. Y cuenta cómo, a diferencia de otros años, los acompañan los padres, los alumnos y ex alumnos, esos que conoció hace 20 años y ahora se suman a las marchas. Lo que más le preocupa es que los niños pequeños no puedan entender por qué algunos tienen clases y otros no. Francisco Leanes: «Trabajo en una vidriería para llevar un mango» 711a822e-03bf-455d-93f1-5d7830243be5Maestro de grado, su historia atraviesa todo el país. A los 25 años recorrió los 3400 kilómetros que separan a Salta con Santa Cruz y se radicó en la Patagonia, donde conoció a su esposa, profesora de Biología y oriunda de Córdoba. Hoy tienen tres hijos, de 7, 12 y 18 años. Su historia de migración interna y de pareja docente es una de tantas en Santa Cruz. En su casa la situación de conflicto en la provincia se siente fuerte: él y su esposa hacen paro y la vida cotidiana se torna crítica cuando ya llevan un mes de atraso de sueldo. La familia Leanes está completa en la marcha que el jueves recorrió las calles de Río Gallegos y todos quieren ser parte de la foto, cuando el maestro habla con LA NACION. Al reflexionar sobre su vida como docente en la provinciade Santa Cruz, la sintetiza en una frase: «La hemos pasado todas. Teníamos el presentismo y fuimos esclavizados con eso: si vos faltabas te lo descontaban del sueldo». El sistema del asistencias docentes en Santa Cruz fue instaurado por Néstor Kirchner cuando llegó a la gobernación, como modo de bajar el ausentismo en el sector. Con el correr de los años fue considerado un «método coercitivo», por el gremio docente. En un momento, el monto llegó a quintuplicar el sueldo básico hasta alcanzar la mitad del salario de bolsillo de los maestros y se cobraba como «no remunerativo». En 2007, tras las protestas que terminaron con la renuncia del gobernador Carlos Sancho, se dio de baja el presentismo y se blanqueó todo el sueldo docente. «Este año tengo a séptimo grado, pero todavía no conocí a mis alumnos. En casa tenemos que hacer otro tipo de trabajo. Ahora estoy trabajando en una vidriería para poder llevar un mango», detalla. Como todos, lamenta el contexto actual. «Como maestro me gustaría estar en la escuela enseñando y que mis hijos también tengan clases. Entiendo a los docentes que no hacen paro. Yo soy de los que hacen huelga. Mi señora hace paro en dos colegios», dice y afirma que la decisión la tomó como la última vía de protesta que encontró. A la hora de buscar responsables, no da nombres. «Yo no soy de ningún partido político, ni del FPV, ni radical. Lo único que quiero es que nos solucionen la situación. Estamos pidiendo soluciones», señala. Con tristeza, relata: «En este momento no tenemos de dónde sacar plata, y en mi casa nos está ayudando mi suegra. Con 45 y 47 años, que nuestros viejos nos sigan bancando es muy duro».