* Por Fabián Ponce Una investigación periodística rescató del olvido un demorado reconocimiento: el héroe José Honorio Ortega, combatió y falleció un 28 de mayo de 1982 en la Guerra de Malvinas, sus restos descansan en el cementerio de Darwin junto a 237 héroes nacionales, pero pasarían 28 años entre que fuera ascendido a cabo post morten y ese reconocimiento se conociera en su ciudad natal. Finalizado el conflicto militar del Atlántico Sur el 14 de junio, la familia Ortega esperaba con ansias y angustia su retorno. Llamaban a todos los posibles destinos en los cuales habían arribado los soldados a Ushuaia, Río Grande, Río Gallegos, Comodoro Rivadavia, Trelew, Puerto Belgrano y a los hospitales militares, en todos recibían respuestas vagas y ninguna certeza. En algunos casos tenían conocimiento que una vez que llegaban a destino con heridas dejaban pasar unos 15 días para curaciones y recién contactaban a sus familias. Pasó junio, julio, llegó agosto y la esperanza se había diluido. Cuenta Sonia, que un día lo soñó: él iba en una camioneta verde y desde allí la saludaba. Su intuición de madre le decía que José había quedado en las islas. Finalmente el 06 de agosto el Ejército preparó el certificado de defunción, pero recién a fines de mes, la partida de defunción fue entregada a sus padres, confirmando formalmente lo que ya presuponía, había muerto en el combate de Pradera del Ganso (Goose Green) pero pasarían muchos años para que puedan ir a visitarlo. Al dolor de la muerte seguiría, al igual que todos los fallecidos en la isla, la ausencia de un cuerpo al cual despedir por última vez. A pesar del conflicto bélico los británicos encargaron la tarea de formar el cementerio de Darwin, destino final para los argentinos que habían muerto en el conflicto y cuyos cuerpos quedaron en la isla. El coronel Geofrey Cardoso tomó la tarea, de modo minucioso y sistemático se encargó de cada cuerpo, juntó las pertenencias y a aquellos que no tenían señales identificadoras los sepultó con una cruz con la leyenda “Soldado solo conocido por Dios”. Del anonimato a la identificación Vino la primera visita al cementerio en 1991, partían desde Buenos Aires muchos familiares de casi todos los soldados, en el avión iban José Bernardino, Sonia y Adriana su hermana. Cuando sobrevolaban las islas se podía ver desde el aire un serie de islas pequeñas blancas, si bien cada una tiene nombre en los mapas, desde el aire es imposible identificarlas sin ayuda. Esa misma imagen la viviría la familia de José al arribar al cementerio Darwin y conjunto de tumbas blancas sin identificación cuando debajo de ellas cada soldado tenía un nombre. Ellos se dirigieron hacía la última fila y en la tumba número 8 pusieron las ilusiones de que allí este su hijo. Adoptarían esa tumba para viajes posteriores y darían esas referencias para despedirlo. La ciencia médica evolucionó y con el estudio del ADN, está técnica reavivó las esperanzas de poder reconocer los cuerpos. Finalmente en el año 2012 sus padres darían una muestra de sangre para que puedan identificar a los soldados. Ya con la certeza de saber dónde estaba el cuerpo de José, su cruz pasó a tener identificación. En abril de 2019 Sonia Cárcamo, la madre del héroe, llegó a la E.P.P. 11 “Sesquicentenario de la Revolución de Mayo” con la intención de hacer conocer la historia de su hijo a los niños de 4° grado. Los mostró como un niño común, quizás con la idea de incentivar con el ejemplo. Uno de los alumnos le preguntó si su hijo era buen estudiante y Sonia con su voz suave y de modo tranquilo le dijo que no y que José abandonó su secundario. Tal vez esa fue la frase que motivo la investigación.   La historia de un olvido Con la idea de enseñar a partir del folklore el programa “Nuestra peña” que se emite por FM News de Río Gallegos, elige cada domingo una temática para abordar y a partir de ella vincular temas folklóricos con el análisis de su contenido, tanto en el contexto como en las particularidades del lenguaje. Como premisa la cortina musical tiene que tener mención a las Islas Malvinas antes, durante y luego del conflicto, durante el tiempo que duró la contienda militar. En el programa ya había estado el Héroe nacional Alfredo Tarcaya, único sobreviviente del ARA Crucero General Belgrano que reside en Santa Cruz y al oir a su madre surgió la idea de incorporar a José al homenaje.   Contacté a Sonia, quien amablemente accedió y nos reunimos en su casa. Mi idea era mostrar las tres etapas de la vida de José; la primera como el niño y el joven, donde conocí que era tan inquieto como adepto a generar amigos en todas partes; la segunda como el soldado en las islas, haciendo hincapié en la comunicación con su familia y no tanto en el conflicto bélico, donde aprendí que su servicio era con la Patria y no con las letras; y por último en el largo derrotero de su familia, donde descubrí que desde hace mucho tiempo había sido ascendido y nadie se percató de ello. Ya en su casa me mostró una enorme carpeta con recuerdos y documentación variada. Una resolución en hoja escrita en las antiguas máquina de escribir me llamó la atención. En ella decía “Promover al rango inmediato superior (Post-Mortem), con fecha 28 May 82 al SC 63 ORTEGA JOSE HONORIO”, fue un quiebre importante en la investigación. Inmediatamente contacté al comando de la XI Brigada Mecanizada con asiento en Río Gallegos, para que por un lado me asesoren al rango que había sido ascendido. El documento tenía fecha de confección el 30 de abril de 1991, y el ascenso era retroactivo al 28 de mayo de 1982. Quizás fue traspapelado el original, o archivado en un lugar equivocado, pero sin culpar a nadie, estimé que lo más conveniente era realizar el trámite, con el permiso de su madre, que el sentido común me indicaba. Fuimos los tres caminando, su padre, madre y yo al escribano a certificar una copia, fueron casi dos horas de disfrutar la alegría de sus padres. Elevé nota con la copia certificada para que el Ejército realice los trámites que corresponden al ascenso. Grande fue la sorpresa en el Ejército al corroborar la veracidad del documento. Desde mi programa pude el 19 de mayo anunciar el ascenso y en el acto que se realizó en Río Gallegos el 28 de mayo, el Ejército honró el rango mencionándolo como Cabo Post-Mortem José Honorio Ortega o simplemente Cabo José Honorio Ortega. Es difícil desde un texto describir la alegría de la madre y la emoción del padre, quienes en vida pueden disfrutar este reconocimiento. Ahora queda rectificar en todas las instituciones y lugares que tienen el nombre de “Soldado José Honorio Ortega”, pasará mucho tiempo para que se rompa la inercia de haberlo llamado por 28 años soldado cuando debía decir cabo. Crédito de portada: malvinasislasargentinas.blogspot.com             Héroes nacionales  – Ley Nacional 24 950 de 1998