RÍO GALLEGOS. Propietarios y empleados del sector gastronómico y hotelero de la ciudad se movilizaron esta tarde pidiendo por la reapertura de la actividad. «Si es necesario que pongan un veedor en cada negocio», dijo Paulo Lunzevich representante del sector. Dijo que hay empresarios que ya no pueden sostener sus negocios y que incluso «están con la salud al borde» por la angustia y la presión que les provoca la situación.

Decenas de vehículos marcharon en sus vehículos pidiendo por la apertura de sus negocios los que permanecen cerrados por la pandemia, y en seis meses solo trabajaron menos de un mes.

A diferencia de las restantes localidades turísticas de la provincia, Río Gallegos presenta una situación epidemiológica más comprometida debido a un rebrote de COVID-19 que se manifestó el 14 de julio, cuando la cifra de infectados era de 4 personas y en dos meses ascendió a 1.200 según el registro de hoy.

La actividad comercial en la capital provincial está motorizada por el consumo local que activa el empleado público estatal que es la mayor fuente de empleo en Río Gallegos.

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Aproximadamente 1000 familias dependen del sector gastronómico y hotelero, muchos de los cuales están recibiendo asistencia económica del gobierno a través del plan Santa Cruz Protege, que abona un salario mínimo a cada empleado del sector turístico cuyas empresas tuvieron que cerrar por la pandemia.

«Queremos que las autoridades entiendan que no podemos dilatar mas la situación, que es insostenible, nuestros trabajadores cobran tarde con salarios reducidos, los propietarios están con la salud al borde, por la angustia y la presión que tienen por no poder cumplir con sus obligaciones», explica Lunzevich quien ocupa la vicepresidencia en la FEHGRA, Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina.

«No nos va a matar el coronavirus, nos va a matar la crisis que está generando», afirmó Paulo Lunzevich, minutos antes de iniciar una caravana por la ciudad para denunciar el estado de emergencia que viven el sector.

«Las personas se siguen reuniendo en los quinchos, en su casa y no hay controles, nosotros presentamos al gobierno un proyecto para que nos permitan abrir con todos los protocolos de control que ya aplicamos», Pablo Lunzevich.

Los propietarios de negocios están de acuerdo en que de ser necesario, «el estado ponga un veedor en cada local, y que el veedor sea el que le haga cumplir el protocolo a la gente y que también controle al establecimiento, queremos que las cosas funcionen bien bajo los protocolos».

La caravana de autos pasó frente a la gobernación y la Cámara de Diputados. Si bien el gobierno presentó «Santa Cruz Protege», un plan de asistencia económica para el sector, los empresarios aseguran que muy pocos pudieron acceder al beneficio.

«¡No damos más!, apertura YA» rezaban los letreros rojos pegados en la ventana de los autos. Mozos, cocineros, dueños de restaurantes, hoteleros, mucamas, todos se mezclaban en el reclamo que recorrió la ciudad.