Natalia Renard
Por Natalia Renard

El 21 de julio de 1969 Neil Amstrong ponía un pie sobre la luna. “Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para humanidad” fueron sus palabras cuando se convirtió en el primer ser humano en pisar nuestro hermoso satélite.

Llegar a ese momento supuso muchas horas de trabajo en equipo de mentes creativas y completamente locas que inventaran, por ejemplo, un sistema para respirar fuera de la nave, en el medio del espacio.

Neil tenía un casco. Ese casco le servía de protección y además le permitía respirar. Amstrong fue a la luna y volvió vivito y coleando hace 51 años.

(Paso en limpio: mandamos a un flaco fuera de la Tierra para que pisara la luna de queso protegido con un casco que le permitió vivir y disfrutar de una experiencia única.)

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Nació en Ohio. No se como fue su niñez en la década del ’30, pero imagino que yendo a la escuela, jugando y corriendo con sus amigos por los campos, con los Apalaches de fondo. Seguramente hayan jugado a ser astronautas e imaginado viajes fantásticos.

Hoy nuestro planeta se encuentra en una situación tan, pero tan especial, que modificó absolutamente todas nuestras actividades. El COVID nos pegó una trompada en el medio de nuestras seguridades y derrumbó todas nuestras certezas.

Hoy nuestros niños no pueden juntarse con sus amigos. Hace meses que se ven por pantallas. Meses que en las mismas pantallas que ven a sus amigos, ven a sus maestros, a sus profesores, a sus familiares de riesgo, a sus afectos lejanos.

Hace meses que los chicos viven la vida de forma plana, con encendido y apagado, con horarios y esperando que se alineen los astros para que la conexión sea buena.

Seis meses es mucho tiempo en una infancia que pasa volando.

Entonces me pregunto… ¿pudimos mandar hace medio siglo a un hombre fuera del planeta con un casco que le permitió sobrevivir y no podemos inventar un casquito más modesto que nos permita estar juntos sin correr riesgos y sin exponer al resto?

¿Y si dejamos de esperar ayudas económicas y empezamos a exigir cascos que nos permitan respirar y estar protegidos?

¿Y si le quitamos el poder al COVID y nos revelamos contra su insistencia de quedarse?

¿Y si realmente nos adaptamos?

Busquemos una solución tan loca como mandar a un hombre a la luna… salgamos a conquistar nuestro espacio.

“No es la más fuerte ni la más inteligente de las especies la que sobrevive, sino la que mejor se adapta al cambio” dijo Darwin.

Estamos queriendo ser fuertes e inteligentes, mientras la infancia de nuestros chicos pasa por una pantalla, sin que logremos adaptarnos.

¡Pidamos cascos!

Seis meses de despedidas en solitario, de familias tristes y separadas, de infancias planas, de extrañar infinitamente a nuestros amigos y afectos, de falta de abrazos, es mucho tiempo para nuestras almas.

Juguemos a ser astronautas y conquistemos nuevamente nuestro universo.

Necesitamos una sola idea loca para poder pisar nuestra luna y volver, como Neil.