Pilar Melano
Por Pilar Melano

Que las lenguas cambian es algo que escuchamos a cada rato, en todas partes y que además a casi todos los hablantes nos parece obvio a la vez que muchas veces, difícil de aceptar.  Nos sorprende cuando nos damos cuenta que no solo cambió sino que lo hizo frente a nuestras propias narices y sin nuestro permiso!

El español no salió de un repollo un buen día así como nada; la suya es una historia de evolución constante; para empezar no tiene fecha de nacimiento aunque varios quieren quedarse con el acta que de fe de ello; un día prometo hablar de eso. El estudio de su evolución es de las cosas más interesantes que se pueden estudiar en torno a la lengua; así nos dedicamos a mirar con detenimiento cada nivel y encontramos cambios sintácticos, morfológicos, de significado y de sonidos. Con uno de este último grupo me quiero quedar hoy.

Las vocales tienen su propia historia, el latín tenía 10 y el español tiene 5; no se trata de una desaparición rotunda, sino que se mantuvieron las posiciones y se desestimaron las dos duraciones que cada una tenía. Por eso y no por desagradecido el español tiene 5, más diptongos e hiatos.

Como si todo eso fuera poco a veces hubo intervenciones de otro nivel, veamos un caso: en latín ‘socrus’ y luego ‘socra’ eran la palabra para referirse a la madre del cónyuge; por un proceso evolutivo de las vocales la ‘o’ de socra se hizo ‘ue’  y entonces terminó siendo suegra; este cambio fue muy productivo y así reconocemos ‘porta- puerta’ y ‘rota-rueda’ entre otros. Hay también algunos cambios de consonantes pero no nos vamos a detener ahora en ellos.

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‘Nuera’ por su parte deriva de ‘nurus’; en la evolución de las vocales, esa ‘u’ se habría convertido en ‘o’ y entonces el resultado habría sido ‘nora’.

Pero, esos mecanismos  tan claros y precisos y elegantemente descriptos se vieron afectados por algo menos estricto, las relaciones que las palabras como las personas alimentan a lo largo de su vida, esas relaciones que acaban haciendo que uno se vea afectado por cambios del otro. De tanto aparecer juntas y en sintonía (por analogía, en realidad) se cruzaron las vocales y las nueras acabaron adoptando de aquellas el diptongo y el cónyuge.

*Prof. en Letras

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