Pilar Melano
Por Pilar Melano

Etimológicamente desayuno y almuerzo son la misma cosa.

Algunos no desayunan y pasan directo al almuerzo, otros desayunan  y almuerzan, y algunos hacen también un tentempié entre uno y otro y uno más a la tarde y una cena liviana, o no y a la cama, a ayunar otra vez. El eterno ciclo de la alimentación tiene nombres.

Cuando alguien hace ayuno entendemos que se abstiene de comer, de ingerir alimentos. Esto ocurre por razones de lo más variadas, salud, religión, opción, obligación o por estar durmiendo como ocurre generalmente durante la noche.

Romper el ayuno implica por fin hincarle el diente a algo, comer, mordisquear alguna cosa.  En distintos momentos de la historia y lugares del mapa se llamó y aún se llama ‘desayuno’ a la primera comida del día, es decir a salirse del ayuno. Es que a veces ‘des’ significa eso: que invierte el contenido de lo que sigue.  No siempre, de hecho a la típica pregunta de “Si destrozar el pollo es cortarlo en pedazos, ‘trozar el pollo’ ¿es volver a armarlo?” la respuesta es no; funciona así en ciertos casos, como en desayuno, descorchar, desandar y miles más.

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Como decía, no todos rompen el ayuno a la mañana, algunos lo hacen un poco más tarde y entonces decimos que pasan directamente al almuerzo.  No hay acuerdo sobre qué comida es esa; en algunos sitios llaman así a lo que se come por la mañana antes de la comida del mediodía y por aquí es a esa comida del mediodía a la que denominamos almuerzo.  

Como sea, almuerzo es de la familia de mordisquear, ahora recomiendo repetir en silencio ‘al-muer-zo, mor-dis-co’, varias veces hasta que veamos la familiaridad entre ‘muer’ y ‘mor’, ambas se refieren a morder.  En definitiva empezar a morder es una de las maneras de romper aquél dichoso ayuno.

Ya casi no nos queda lugar para el tentempié, palabra del curioso y entretenido grupo de las compuestas y que por su forma hace familia con correveidile, tejemaneje y biempensante entre otras. Ya casi no nos queda tiempo para contar que el más famoso de los tentempiés, el sanguchito nos llega a través de un tal conde Sándwich, un señor que por no dejar de jugar a las cartas pidió que le sirvieran la comida entre dos panes.

Después de todo esto, es mejor dedicar un momento, una sobremesa y dejar que nuestro organismo asimile tanto alimento, en definitiva, es el momento de la digestión, de dejar correr los nutrientes, físicos y de los otros.