Jose Weisser
Por Jose Weisser

La vida de Vicente Almandos, el “Cóndor riojano”, bien vale un breve relato contra la niebla del olvido. Desde la Rioja a héroe por Francia y Chevallier Légion D´honneur en la Grande Guerre hasta precursor de la Aeroposta, Aerolíneas Argentinas y Lade.

Cualquier relato pretendido desde este espacio, lleva la impronta de relacionarse íntimamente con Santa Cruz o la Patagonia. Esto es así como justa retribución a la generosa invitación que hace posible esta forma de rescatar protagonistas y también hechos de nuestra historia que, ignorados por desconocimiento, erradas concepciones educativas, falta de amor al terruño, y supino desapego a los acontecimientos pasados deberían, en algún momento, hacernos comprender el presente para no errar repetidamente el encuentro de los caminos correctos.

Por diciembre de 1882, nació Vicente Roque Gregorio Almandos Almonacid Castro, en San Miguel de Anguinán, bucólico lugar si los hay, de fincas, largas siestas y cielos muy azules, pegado a Chilecito, en la provincia de La Rioja. Bisnieto de vascos de Navarra, su padre Vicente Almandos Almonacid había sido gobernador provincial, de tendencia unitaria, empresario minero y ganadero. Su madre Esmeralda Castro. Su abuelo el coronel unitario Lino Almandoz, que defendiendo su causa luchó contra el “Chacho” Peñaloza y Felipe Varela.

Muere tempranamente su padre y la mezcla, mal llevada de política, empresa y negocios, deja en la familia una tambaleante posición económica que obliga a su madre a trasladarse a Buenos Aires para poder educar a los hijos.

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En Buenos Aires, Vicente completa sus estudios primarios y luego el secundario en el presitigioso Colegio Nacional. Después ingresa a la Escuela Naval, donde aparentemente egresa como guardiamarina; pero no continúa la profesión, y más tarde accede a la Universidad de Buenos Aires para estudiar ingeniería. Con ese perfil profesional siempre fue proclive a demostrar y desarrollar sus dotes de «inventor».

Con 25 años, en 1906 consigue un contrato con la municipalidad de Bahía Blanca (fue Director de Obras), luego de haber llegado a esa ciudad trabajando para el Ferrocarril del Sud.

Para entonces ya tenía decidido su futuro atrapado por el fenómeno del momento, la aviación.

Para la primera década del 1900 ya se probaban algunos aparatos voladores en aeroclubes pioneros y en 1910, coincidiendo con el centenario de la Revolución de Mayo, las visitas de franceses e italianos con sus «máquinas voladoras», lo cautivaron hasta que pudo armar con sus manos un avión que denominó «aeromóvil» y lo hizo probar en El Palomar con éxito.

Fue imposible patentarlo en el país, así es que resolvió no escatimar esfuerzos para lograr su meta, y para ello decide viajar a la entonces capital cultural del mundo occidental, Paris.

En esta época del nacimiento de la aeronáutica, Francia era pionera en la actividad. Un grupo económico francés había comprado la patente del «Wright Flyer», el avión de los hermanos Wright que había volado por primera vez en 1903 en Carolina del Norte de los EEUU. Allí, en Francia, la fabricación de aviones, motores y la existencia de escuelas de aviadores civiles y militares, le habría un panorama prometedor. Así lo hace y en 1913 ya está en Paris.

Obtiene su brevet de aviador civil en la famosa escuela de pilotaje del constructor de aviones Farman.

Con esta experiencia, y ya iniciada la 1ra. Guerra Mundial en 1914, se alista como voluntario en el 1er. Regimiento de la Legión Extranjera de aviación e ingresa a la reconocida escuela militar del Instituto Aerotécnico de Saint-Cyr, obteniendo su brevet de aviador militar.

Designado soldado piloto en la Escuadrilla nro.35 cumplió tareas de reconocimiento, exploración y aerofotografía. Fue ascendido a Sargento y luego a Sargento Ayudante. En 1915 es transferido a la Escuadrilla nro. 29 de bombarderos en el frente alemán, donde sobresale por su heroismo, habilidad en vuelos nocturnos y puesta en práctica de ideas transformadoras para mejorar la operatividad de los aviones gracias a sus acabados conocimientos de ingeniería.

Inventó un sistema de miras ópticas, soportes de bombas bajo las alas de los aviones y muchos otros adelantos bélicos aplicados a la aeronáutica y luego adoptados para su uso por otros paises, inclusive enemigos como Alemania.

Fue ascendido posteriormente a teniente y finalmente a capitán. Su desempeño ejemplar le valió ser reconocido militarmente con las más altas condecoraciones que se otorgaban en la época. Así le fueron asignadas la «Medalla Militar», la «Cruz de Guerra» y posteriormente es prestigiado con la «Legión de Honor» en el grado de caballero. También fue reconocido por Inglaterra, finalizando su servicio con más de mil horas de vuelo en acciones de combate.

En 1919, terminada la 1ra Guerra Mundial, vuelve a la Argentina como integrante de una misión aeronáutica francesa que intentaba demostrar en sudamérica las ventajas de la aviación en el plano político y económico de la post guerra, y es recibido como héroe con desfiles y manifestaciones populares por toda la Avenida de Mayo, lo que lo posiciona socialmente en un elevado nivel.

En 1920 se casa con Dolores «Lola» Güiraldes Goñi, hermana del famoso escritor Ricardo Güiraldes. El casamiento tuvo una enorme repercusión debido a la posición social de la familia de la novia y al carácter de héroe de guerra del novio.
Las publicaciones de la época lo dejan en evidencia. Tuvieron cuatro hijos y se separaron en 1932.

Continuando con la promoción de la aeronáutica, en 1920 realiza el cruce de la cordillera de los Andes en vuelo nocturno, entre Mendoza y Viña del Mar. Acostumbrado a las acciones militares en la guerra, le resultó facil hacerlo de noche por las condiciones meteorológicas y el reflejo de la luz de la luna en la nieve y el mar.

Luego de la guerra, el impulso que había recibido en Francia la industria aeronáutica y el amplio frente de posibilidades económicas que presentaba esta actividad como medio de transporte, originó la creación de empresas importantes en el rubro aeropostal, como viable alternativa ante la falta de demanda de sus aviones por la guerra.

La empresa aérea francesa que enlaza su historia con Vicente Almandos Almonacid y la Argentina, es la «Compagnie générale aéropostale», conocida como «la Aeropostal», que se inició apenas terminada la gran guerra en 1918.

La operatividad de la compañía se basaba en la contratación de ex pilotos y mecánicos de la 1ra. Guerra como asimismo otros formados en las escuelas de aviación de la época. Hacia 1924, los encargados del estudio de la línea aérea en el tramo Brasil-Buenos Aires toman contacto con Almandos Almonacid, en función de su prestigio, experiencia y calidad de héroe de la aviación francesa.

*En la próxima entrega:  los honores que recibió en el extranjero y los privilegios que Almandos Almonacid resignó para regresar a su país. Su designación como cónsul y conservador de la casa donde falleció el General San Martin en Boulogne-Sur-mer, y el vuelo inaugural de la Aeroposta a la Patagonia que recaló en Río Gallegos, junto al piloto Antoine de Saint-Exupéry.