RIO GALLEGOS.- Ayer fue el primer día del juicio oral que se instruye al cura Nicolás Parma procesado con prisión preventiva por abuso sexual y corrupción de menores contra dos adolescentes que vivían en Puerto Santa Cruz. El sacerdote declaró durante una hora y media, en tanto la psicóloga de la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos de Argentina, Liliana Rodríguez, expuso ante los jueces acerca de las secuelas que quedan en las personas que fueron víctimas de abuso. (Video).

Nicolás Parma, quien fue procesado en primera instancia por la jueza de instrucción, Noelia Ursino, quedó detenido el 8 de octubre de 2018 en Puerto Santa Cruz. Y desde allí fue trasladado por un móvil policial hasta las dependencias de la Cámara Oral de Río Gallegos donde se instruye un juicio que fue adelantado en un mes a la fecha prevista. Parma fue procesado por concurso de delitos de índole sexual entre los q hay abuso simple, abuso sexual gravemente ultrajante contra menores de edad y corrupción d menores.

Los dos jóvenes denunciantes de Parma, se pusieron en contacto con la Red en el año 2016, quienes han sido para ellos unas fuente de contención emocional, psíquica y afectiva. «Podemos dar cuenta de todo el proceso que ellos han atravesado para poder llegar a este momento y también lo que ha significado el trauma vivido, que deja sus huellas. Desde el punto de vista de mi disciplina, las consecuencias que dejan estos delitos, son secuelas graves que además tienen sus efectos en las familias, los afectos y en quienes los rodean», detalló Rodriguez en una entrevista con Winfo Santa Cruz, tras prestar su declaración por videoconferencia en el juicio.

«Llamamos secuelas a los ataques de pánico, los terrores nocturnos, a las ideas suicidas, autolesiones, trastornos alimenticios y dificultades en la intimidad, son personas a quienes les cuesta confiar en una pareja, generar un vínculo de confianza, porque han sido estafados, han irrumpido en su cuerpo y en su emocionaldidad. Han sido instalados en la vida sexual salteando el normal desarrollo», explicó la psicóloga, una de las primeras personas que recibe a los sobrevivientes de abuso que se acercan a la Red en busca de ayuda.

«Por eso me interesaba transmitir la diferencia entre un juego sexual entre niños, que son juegos exploratorios en una etapa sexo-afectiva natural y lo que significa cuando es en presencia d e un adulto, eso es abuso, eso caracteriza a un abuso. Porque estamos hablando de un adulto, pero además que tiene un plus y una responsabilidad social importantísima como miembro de la iglesia católica, tiene la responsabilidad de proteger y cuidar a esos niños, tiene que distinguir el bien y el mal, y enseñarlo», explicó la profesional.

Afirmó que según su experiencia en la Red, «no ha habido una sola pericia de un sobreviviente cuyo perito diga que fabula, No mienten. Como tampoco ha habido ninguna pericia de ningún sacerdote acusado de abuso que diga que está enfermo, son todos conscientes de sus actos, saben lo que hacen, eligen a sus víctimas, buscan el puntos vulnerable. La pedofilia no es un pecado, es un delito y como tal merece un castigo«, detalló la especialista.

Desde la Red siguen el caso y afirman que esperan una sentencia ejemplar, que haya cárcel común y efectiva para Parma. «Es el Estado el que puede reparar el daño y enviar un mensaje a la sociedad en el que diga yo les creo, esto sucedió, esto fue un delito y esto se castiga y no la actitud, de «debes olvidar, perdonar, hacé tu vida», las personas no pueden hacer su vida como si nada hubiera pasado», explicó Rodríguez.

El caso

Parma, cuyo nombre religioso es “Felipe”, fue denunciado por dos jóvenes, uno de ellos tenía 16 mientras vivía en  Puerto Santa Cruz, como pupilo de la iglesia de la localidad  y allí sufrió el primer abuso por parte del cura Nicolás Parma. El joven  vivió en el pueblo y  fue alumno del Instituto María Auxiliadora de esa localidad, escuela escenario de múltiples denuncias de abuso infantil en 2011. A finales de 2016, una investigación periodística de Telenoche, dejó a la vista que uno de los sacerdotes denunciados en Salta, había sido el cura del pueblo durante cinco años: era el caso del párroco Felipe de Jesús Parma o Nicolás Parma. 

Dos de los diez chicos que vivían en la Parroquia Exaltación de la Santa Cruz, bajo la tutela del cura Felipe Parma, son hoy los denunciantes. Se trataba en su mayoría de chicos que fueron entregados por sus padres a la tutela de la iglesia, provenían de familias con numerosos hijos y escasos recursos. La iglesia les garantizaría protección, educación y cuidado.

En general eran oriundos de Salta, donde se fundó el instituto religioso Discípulos de Jesús de San Juan Bautista. Las familias le daban a sus hijos en guarda a la congregación, que luego los trasladaba a Puerto Santa Cruz. Los jóvenes vivían en las dependencias de la histórica parroquia Exaltación de la Santa Cruz  y eran todos alumnos del Instituto María Auxiliadora. Además cada uno tenía familias que oficiaban de padrinos, a quienes visitaban cada domingo, los asistían con ayuda escolar, alimentos, ropa y sobretodo calor de hogar.    

El lunes a la tarde, muchas de esas personas, se manifestaron en Puerto Santa Cruz, en la puerta de la comisaría, repudiando a Parma.

Para hoy se esperan los alegatos de la defensa de Parma en tanto que la semana próxima ya podría estar la sentencia del tribunal presidido por  Joaquín Cabral e integrado además por los jueces Eduardo López y Jorge Yance.