No cuentes que hay detrás de aquel espejo, no tendrás poder, ni abogados, ni testigos. Charly García en los ochenta nos regaló su exquisita mirada sobre la novela de Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas. Charly le decía a su Alicia, que este país, el de la dictadura argentina, no estaba hecho para ella. Que los crímenes y las muerte, eran de verdad. El video que se autograbó Cristina Kirchner en Río Gallegos,  recorriendo el camino judicial que le deparó 12 años de ejercicio de poder total en una suerte de reality show de tenso dramatismo,  remite a aquella obra de arte del escritor británico y del genial músico argentino. Juzgados y sedes policiales cuyas puertas se franqueaban de asombro -aunque inútiles- ante la presencia avasallante de Cristina, con empleados pidiéndoles «por favor no nos comprometa»,  son el país real en el que viven millones de argentinos que deben rendir cuentas ante la justicia, y en muchos casos sufrir la falta de justicia ante sus demandas. Por unos breves y agónicos minutos, Cristina cruzó al otro lado del espejo de ese mundo de maravillas en el que vivió cuando la novela y la ficción las escribía y las protagonizaba ella, como una heroína venerada que siempre provocaba un final feliz. Y su público gozaba, aplaudiéndola.