CALETA OLIVIA.- Dos historias que cuentan cómo atravesaron la enfermedad una enfermera de vasta experiencia que a pesar de todos los recaudos contrajo el virus, y un hombre que vivió horas de angustia por la falta de oxígeno hasta que una enfermera acudió para llevarlo al hospital en su auto particular.

“Ella nos dijo voy a volver y nosotros estábamos convencidos de que mi mamá saldría adelante”. 

Ana es enfermera en el Hospital Zonal hace 24 años y posee una enfermedad preexistente

Ana LLancaburi es enfermera del Hospital Zonal y si bien se encontraba de licencia, contrajo el virus el verano pasado, actualmente se encuentra en rehabilitación acompañada de su familia.

Transitó los primeros días en su casa, pero su salud se complicó y fue derivada al hospital. Luego de dos días de internación deciden pasarla a terapia intensiva donde permaneció 25 días entubada.

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Para evitar el desgaste de su voz, su hija Ana Claudia Paez se encarga del relato y cuenta que su mama trabajó muchos años como enfermera en clínicas privadas, desde hace 24 años trabaja en el hospital de Caleta Zonal donde al inicio de la pandemia desde la dirección, le recomiendan que se quedara en casa ya que posee una enfermedad preexistente que es la diabetes.

Su función se centraba en los consultorios externos donde se realiza la atención primaria de pacientes y en los casos que corresponda se los deriva a un médico especialista. Antes se desempeñó en la parte de cirugía, en neonatología y en quirófano, espacios en los que se ganó amistades que vigilaron de cerca su recuperación.

Ana Claudia recuerda cómo fue enterarse de que su madre había contraído el virus, “Nunca pensó que le iba a tocar, sucedió estando en casa. No sabemos cómo, tomamos todos los recaudos, incluso no pudimos compartir las fiestas de fin de año en familia y mi mamá se contagia luego de Navidad», cuenta.

Su mamá comenzó a ser tratada en su domicilio con la asistencia de médicos externos que se comunicaban diariamente con ella y le indicaban la medicación que tenía que tomar, «pero con el correr de los días la falta de oxígeno y las dificultades en la respiración se profundizaron y, el día 1 de enero fue trasladada al Hospital en ambulancia donde comprueban que se había sumado una neumonía bilateral», detalla Ana Claudia .

Luego de dos días de internación en sala común es derivada a terapia intensiva donde estuvo más de más de 25 días. “Para nosotros como familia fue muy triste, pero ella nos dijo ´voy a volver´ y nosotros estábamos convencidos de que mi mamá saldría adelante», comenta Ana Claudia, que recrea aquel optimismo aunque reconoce que «fueron 25 días durante los cuales todos los compañeros de trabajo de Ana estuvieron pendientes de su recuperación, no la dejaron nunca sola, preguntaban por ella y estaban atentos a que pudiera salir de esa condición», afirma.

El 26 de enero a su mamá la trasladan a sala común donde comienza una lenta recuperación, con secuelas en la motricidad que ameritan tratamiento kinesiológico.

“Fue muy importante este paso porque los tres hijos pudimos acompañarla. Es fundamental la parte anímica, después de tantos días dormida y entubada mamá no nos reconocía y fue un proceso lento hasta que pudo ubicar otra vez todas sus ideas», repasa Ana Claudia.

El 13 de febrero finalmente Ana Llancaburi, la enfermera que ayudó a tantos pacientes a transitar su enfermedad dentro del hospital pudo regresar a su casa donde continúa la recuparación rodeada de sus seres queridos que no la descuidaron ni un solo instante desde que contrajo Covid.

“Estamos felices de tenerla en casa, sentada con nosotros, todavía vamos a tener un caminito largo de recuperación, pero siempre acompañada por todo el personal del hospital y seguramente pronto podrá volver a trabajar con quienes más la necesitan, colocando una inyección, tomando la presión o sacando los puntos de una herida recién curada. Esperemos que no esté muy lejano el día que pueda regresar al hospital”, anhela Ana Claudia.

Organizó una campaña en agradecimiento

Eduardo Labado transitó la enfermedad en su casa con todos los cuidados indicados por los médicos, y una vez que recibió el alta y se disponía a visitar al doctor Atilio Cardoso para el primer control general, sintió que el cuerpo no le respondía: “Me levanto, intento ir al baño y no alcancé a llegar porque me faltaba el aire», cuenta con un gesto de preocupación que revive la angustia de aquellas horas.

Es que a la falta de aire se le sumó la sensación de abandono que le provocó la falta de respuestas a su pedido de auxilio: «Llamé una ambulancia y nunca llegaron», relata, «me comunico con una radio para hacer público mi reclamo, y una enfermera, Elena Maldonado, me escucha y me llama por teléfono. A las 9 de la mañana envían un móvil del centro Emaus y me llevan al hospital», detalla Eduardo.

Luego de recibir las primeras asistencias, lo conectan a oxigeno y lo dejan internado. “Le di pelea, con oxigeno saturaba en 80”, cuenta Eduardo, que nunca olvidará aquellas horas difíciles que pasó internado, ni tampoco del personal del hospital que lo asistió en todo momento con quienes estará agradecido por el resto de sus días, «un grupo humano ejemplar», remarca en referencia al personal del sector de internación.

Eduardo pide a los vecinos que se sigan cuidando porque considera que no se está tomando conciencia de la situación, y realiza un pedido público para expresar su agradecimiento al personal de salud del hospital por el trabajo denodado que realizan en la atención de pacientes que como él, tuvieron que atravesar la experiencia de una internación por Covid.

“Las únicas fiestas clandestinas que se deberían realizar deberían ser para organizar un abrazo simbólico al hospital”, dice, y rememora que le tocó despedir a vecinos, compañeros de estudio y de trabajo a causa del covid. “No se lo deseo a nadie, salí adelante con oxígeno, me colocaron plasma y a fuerza de pelea y lucha, sigo en rehabilitación en casa después de estar 12 días internado”, señala.

En atención a los cuidados recibidos decidió iniciar una campaña y los vecinos donaron camisolines, guantes y barbijos para los paramédicos de casa Emaus ahora convertida en centro de atención al Covid, donde recibió las primeras asistencias que fueron fundamentales para salir del trance que hoy revive como una experiencia amarga con final feliz.